Friday, September 20, 2019

Tradición y superstición inundan las calles de Irán

Teherán, 10 sep (EFE).- Las procesiones de luto, junto a numerosas tradiciones cargadas de superstición, inundan las calles de Irán en el Ashura, el día para conmemorar la muerte del tercer imán chií, Husein, que marcó el comienzo del cisma entre las dos principales ramas del islam.

La Ashura es la festividad más importante para los chiíes y la República Islámica se vuelca en su celebración, principalmente con procesiones en las que hombres vestidos de negro se flagelan la espalda con pequeños látigos de cadenas metálicas.

Al inicio de las marchas se sitúa un “alamat” o estandarte metálico, que recuerda el martirio del imán Husein, nieto del profeta Mahoma, en la batalla de Kerbala (actual Irak) en el año 680 de nuestra era.

Los golpes en el pecho, la percusión de tambores y los cánticos de duelo son otros de los símbolos de estas procesiones, organizadas por las “heiat” o cofradías.

Estas “heiat” también suelen instalar en las calles casetas llamadas “takieh” en las que se reparte comida, refrescos y té a los participantes en las ceremonias, que se aglomeran en filas en las que predomina la segregación de sexos.

Muchos de los benefactores que distribuyen alimentos lo hacen por un voto efectuado al imán, el conocido como “nazrí”, aunque no todos tienen esta motivación: Farid Vatandust es un universitario de 27 años que prepara junto a su padre desayunos estos días de forma altruista.

“No es un voto, es una buena obra. Algunos han venido y han dicho que se ha cumplido su deseo y nosotros mismos hemos visto milagros”, explicó a Efe Vatandust frente al centro comercial en el que ofrecen los desayunos, cerca del Gran Bazar de Teherán.

El joven detalló que hubo un año que decidieron no repartir comida y “gastar ese dinero en algo caritativo”, pero su padre soñó en el último momento que debían seguir con el programa habitual.

“No teníamos bombonas de gas para cocinar y a eso de la 1 o 2 de la mañana pasó una camioneta con bombonas y nos dijo que si servíamos ‘nazrí’ nos las prestaban”, señaló Vatandust aludiendo a que este hecho fue un milagro.

En los alrededores del Gran Bazar, también hay instalada una carpa similar a las tiendas en las que dormían el imán Husein y sus acompañantes y que son incendiadas durante esta jornada en recuerdo a lo que ocurrió en Kerbala.

El tercer imán de los chiíes falleció en la citada batalla de Kerbala a manos del califa suní Yazid I, unos hechos que también son reflejados en estas fechas en obras de teatro callejeras.

A Kerbala, donde se encuentra el santuario de Husein, llevarán algunos cofrades cintas verdes que son atadas por las mujeres en casetas adornadas con lamparitas y cortinas al tiempo que piden deseos.

La creencia de que los deseos pueden cumplirse en el mes islámico de moharram, cuyo décimo día es la Ashura, es algo habitual en Irán que se refleja en variadas tradiciones.

Una de ellas es la de preparar y repartir en el centro de Teherán la víspera de Ashura el típico dulce iraní halva, compuesto de aceite, harina y azúcar, para pedir un deseo o para agradecer los ya alcanzados.

Otra es la ceremonia en recuerdo a Ali Asghar, fallecido con tan solo seis meses en Kerbala en brazos de su padre Husein, y al que se atribuye el poder de facilitar que las mujeres se queden embarazadas.

En las llamadas “Shir jaregane” (los bebedores de leche), se ofrece leche a las mujeres y niños asistentes y se pasea una cuna que simboliza la del bebé Ali Asghar.

También se piden deseos al final de la jornada de hoy en la ceremonia de “Shame Ghariban” (la noche de los desamparados), en la que los iraníes prenden velas para alumbrar el camino de los descendientes del imán Husein.

Pese a que todas estas tradiciones siguen muy vivas, son muchos los que consideran que cada año su seguimiento en Irán es menor, debido a la progresiva pérdida de fe de una parte de la población.

Las procesiones en el día de Tasua, la víspera de Ashura, solían ser por ejemplo más multitudinarias, y hay mucha gente que participa en estos eventos más por costumbre que por creencia.

“Las ceremonias de luto en moharram están perdiendo cada día color porque la gente recibe una mejor educación y no tiene interés por estas tradiciones”, dijo a Efe Mohamad Reza, un hombre de 60 años que mantiene, no obstante, su reparto de comida en estas fechas.

Este hombre criticó que las celebraciones actuales disten mucho de las de la época del imán Husein y consideró que tanto él como muchos iraníes “tienen una menor creencia que en el pasado y dejan de lado las supersticiones”.