Tuesday, July 16, 2019

DESDE LA BARRERA

Por Nahuí Ollín (Twitter @aojosvistas)

En sólo 13 días de gobierno, Trump ha demostrado su carencia de conocimiento y capacidad para ser líder del país. Se ha comportado como una persona caprichosa, carente de sentido diplomático y lo que es más preocupante, como un ser que no sólo carece de ideas, sino que además, está inspirado por un racismo y menos precio a todo aquello no es cómo él, que además tampoco entiende, ni entenderá, lo que al parecer es común denominador a todo aquél que votó por él. Por momentos, da la impresión de la posibilidad de ser bipolar, pero eso es harina de otro costal.

De entrada, el 19 de presente mes, Trump firmó la autorización para la construcción del muro en la frontera sur de país, una de sus promesas de campaña, y que aquellos que le apoyan le aplaudieron en su momento y asegurando que los mexicanos pagarían la construcción del muro.

Esta situación desencadenó una serie de comentarios de toda índole alrededor del mundo, desde el desangelado comentario del primer ministro de Israel Netanyahu vía tuíter, el 28 de enero, quien aplaude la decisión de levantar el muro, lo que desató una serie de dimes y diretes, y que concluyó con la protesta de parte del gobierno mexicano mostrando su extrañeza por su comentarios. Días antes, el 26, por el mismo medio, Trump manifestó que si los mexicanos se negaban a pagar el muro tan necesitado, entonces lo mejor era cancelar la entrevista que tendría con el presidente Peña Nieto. Ese mismo día, Peña Nieto respondió, también vía tuíter, que cancelaba la reunión que tendría con Trump. Ese hecho, dicho sea de paso, ha logrado unificar a los mexicanos alrededor del Peña Nieto, quien hasta ese momento sólo tenía el 12% de aprobación de su gestión, la más baja de cualquier presidente mexicano. Así las cosas, Trump pierde su primer intento de negociación con cualquier mandatario, lo que merma y pone de manifiesto el refrán mexicano que dice “que de lengua, me como un taco”, haciendo referencia a los habladores. Incluso el periódico USA Today, en su versión en línea, cambió la imagen de la bandera estadounidense, por la mexicana en muestra de solidaridad con dicho país.

Así, Trump indignado, sin asesores o rodeado de gente que sólo pretende alagarlo, decide hacer público que incrementarán los impuestos en un 20% a los productos mexicanos, lo que, como todos sabemos, el impuesto lo pagan los que consumen productos mexicanos en Estados Unidos, lo que significa que serían los residentes de Estados Unidos los que terminarían pagando el muro, ¿consecuencia? Indignación general. Tratando de corregir el error, y como veleta, la segunda genial idea, es que van a cobrarle impuestos a los carteles de la droga y a los inmigrantes… ya me dirán sus mercedes lo que piensan al respecto.

Para rematar, el viernes 27 Trump firma una Orden Ejecutiva, donde veta a siete países, donde la mayoría profesa la religión musulmana, de ingresar a Norteamérica, casualmente, en ninguno de ellos Trump tiene negocios, y además, no incluye en la lista a Arabia Saudita, de donde eran procedentes 15 de los terroristas que orquestaron el ataque a las Torres Gemelas del 9 de septiembre del 2001. Como consecuencia, cientos de personas iniciaron manifestaciones, así como los CEO de varias compañías tecnológicas, entre ellas Apple, Google, Amazon, manifestando que este tipo de medidas sólo afectan el desarrollo del país, y sobre todo la imagen del mismo. Trump, como la mayoría de los déspotas, se hace como que no escucha, y ha rematado despidiendo a la Fiscal General de la nación, Sally Yates, quien envió un memorándum a sus subordinados que no defendieran en los tribunales el veto presidencial. La postura de Yates mereció que en comunicado de prensa de la Casa Blanca se le tachara de traidora.

¿Es este el patrón a seguir por Trump y su equipo en los próximos 4 años? El mundo pensó que el pueblo norteamericano no podía caer más bajo después del gobierno de George W. Bush. Cuán equivocados estábamos. En tan sólo 13 días, Trump y su camarilla han demostrado la intolerancia, segregacionismo, y falta de comprensión hacia el resto del mundo que durante ocho años el gobierno de Obama trató de cambiar. Lamentable, pero una realidad.