Friday, October 22, 2021

¿Qué hacemos con los “niños del califato”?

Redacción Internacional, 1 mar (EFE).- Son supervivientes de algunas de las circunstancias más trágicas que le pueden ocurrir a un ser humano: han sido abandonados, expuestos al miedo, explotados y testigos de atrocidades, son los “niños del califato” y nadie quiere hacerse cargo de ellos.

Miles de menores que han vivido en el autoproclamado califato del Estado Islámico (EI) se enfrentan ahora, cuando se acerca la derrota final del grupo yihadista, a un futuro incierto, un problema que el mundo no parece todavía dispuesto a afrontar.

Son más de 2.500 niños de al menos 30 nacionalidades los que esperan en tres atestados campamentos en el noroeste sirio una oportunidad.

Su reincorporación a la sociedad depende, en muchos casos, de la ayuda de sus países de origen.

“La comunidad internacional debe actuar ahora antes de que sea demasiado tarde “, reclama Sonia Khush, directora de Emergencias en Siria de Save the Children.

Esta ONG atiende a estos menores sobre el terreno y prevé que la cifra aumente, y mucho, cuando los extremistas pierdan el control de su territorio definitivamente.

En los últimos días, miles de personas han abandonado el último bastión del califato en Al Baguz, en su mayoría familiares de combatientes que se han entregado a las milicias mayoritariamente kurdas, Fuerzas de Siria Democrática (FSD), preparadas para llevar a cabo el asalto final a esa localidad en cuestión de días.

Entre ellos figuran cientos de niños: familiares de los yihadistas, menores secuestrados por el EI y los que vivían en el territorio del califato.

Muchos llegan a los campos en condiciones desesperadas por meses de privación de atención médica y alimentos.

David del Campo, director de Programas Internacionales de esa ONG, denuncia en declaraciones a Efe que a estos menores “se les está aplicando el mismo castigo” que a los radicales sólo por el mero hecho de vivir en su territorio, lo que “vulnera todos sus derechos”.

“No son niños del EI, son simplemente niños”.

– ¿De dónde proceden?

Hay menores de Afganistán, Albania, Arabia Saudí, Argelia, Australia, Azerbaiyán, Bangladesh, Bélgica, Canadá, China, Dinamarca, Egipto, Francia, Georgia, Irak y Alemania.

Pero también de Indonesia, Italia, Kazajistán, Kosovo, Kirguistán, el Líbano, Libia, Macedonia, Malasia, Marruecos, Países Bajos, Pakistán, Portugal, Rusia, Sudáfrica, Sudán, Suecia, Siria, Tayikistán, Túnez, Turquía, Ucrania, el Reino Unido, EEUU, Uzbekistán y Yemen.

Aunque algunos de estos países han comenzado a interesarse por la forma de actuar con ellos, otros muchos, incluidos varios europeos, todavía no han tomado medidas, afirma Save the Children.

Sólo Rusia ha repatriado a un pequeño grupo de menores, en pleno debate sobre quién debe juzgar a los yihadistas detenidos.

Mientras los milicianos kurdos en Siria se quejan de estar sobrepasados con más de 5.000 detenidos, los países de origen se resisten a hacerse cargo de ellos ante el temor de no poder probar sus crímenes.

La responsabilidad legal última de estos menores la tienen sus países de procedencia: éstos son “los que deben hacerse cargo de ellos y protegerles, independientemente de quienes sean sus padres”, arguye Del Campo.

“Un niño es un niño en cualquier circunstancia” y debe recibir el mismo trato que cualquier otro infante del mundo.

También la ONU insta a estos países a asumir su responsabilidad con los “niños del califato”, decenas de los cuales se encuentran solos, sin la compañía de un adulto.

Unicef recalca que “deben ser repatriados a sus países de origen lo antes posible, mediante procedimientos cuya primera consideración sea el interés superior del niño y a través de la cooperación entre estados”.

Y les anima a “diseñar e implementar estrategias y programas para el regreso de los niños” con el fin de lograr “su rehabilitación y su reintegración social, sin estigmatización ni discriminación”.

Las organizaciones internacionales coinciden en que el caso de los niños es muy diferente al de los combatientes del EI: “Lo más fácil es tratarlos como terroristas, pero ellos no tienen la culpa de nada”.

– La difícil supervivencia en los campamentos

Separados del resto de la población en los campos controlados por los milicianos kurdos, los niños de las familias relacionadas con los yihadistas tienen menos acceso a ayuda y servicios, explica Save The Children, presente en los tres campamentos.

El de Al Hol es el más grande, con más de 40.000 personas; Ain Issa llega a los 12.000 refugiados y Roj tiene unos 1.500.

La mayoría vive con sus madres, muchas de las cuales fueron reclutadas por los yihadistas siendo niñas y ahora tienen bebés de apenas días o semanas de vida.

Los que están solos reciben la atención de cuidadores temporales.

La saturación de los campos y uno de los inviernos más duros de los últimos años, el que se ha vivido en enero y febrero, han convertido en desesperada la situación de sus habitantes: más de 60 menores han muerto, la mayoría de frío, en esos dos meses, según la ONU.

“La situación en Al Hol es desgarradora. Los niños se están muriendo de hipotermia cuando sus familias huyen a zonas seguras”, denunció recientemente Elizabeth Hoff, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Siria.

La ayuda especializada, así como los servicios de salud y nutrición que necesitan estos niños en un entorno seguro y saludable no es posible actualmente en el noroeste sirio, una zona demasiado volátil, explica Khush.

– ¿Pueden ser reintegrados?

Niños de 12 años retroceden a la edad de 4, se orinan, no duermen de noche, tienen pesadillas y ansiedad, explica Del Campo sobre esos menores, incluidos en un reciente informe de Save the Children.

El 85 por ciento de todos los niños en Irak, Siria y Yemen sufren algún trastorno psicológico, en muchos casos grave.

“Han visto morir a sus familiares, amigos, vecinos o han sido testigos de la destrucción de su hogar o su escuela”, pero en el norte de Siria “sólo hay 20 psiquiatras disponibles para 4,5 millones de niños”, relata a Efe Del Campo.

La situación es aún más dramática para los menores yazidíes: niños entrenados para matar y niñas convertidas en esclavas sexuales. “Han visto la peor cara de la violencia, a ellos les han inyectado un odio extremo y a ellas, un miedo aterrador”.

Unos 600 niños yazidíes secuestrados por el EI siguen desaparecidos, confirmó a Efe el psicólogo alemán Jan Ilhan Kizilhan, profesor universitario en Baden-Wurttemberg (Alemania) y Duhok (Irak) que ha tratado a más de 1.400 jóvenes convertidas en esclavas sexuales por los yihadistas.

Sus más de 20 años de trabajo con personas traumatizadas en zonas de guerra le permiten afirmar que los “niños del califato” sufren problemas psicológicos “extraordinarios”.

Son fruto de los traumas individuales, los colectivos y la migración posterior, una combinación que requiere ir más allá: “conceptos nuevos de atención integrada”.

Aún así Kizilhan es optimista y cree que “con un buen apoyo a largo plazo, podrán tener una vida ‘normal’ y afrontar el trauma”. Para ello deben “asistir a la escuela” e ir recuperando la normalidad, siempre con “la estabilidad y un lugar seguro como base del tratamiento”.

Save the Children ha tenido programas exitosos en Sudan del Sur, Congo y Myanmar y ahora lo intenta en Jordania y el Líbano. “Es un camino lento y costoso, pero enormemente reconfortante”, según Del Campo, que sonríe al recordar el agradecimiento de los niños que han ayuda a reincorporarse a la vida.

En el siglo XXI, la información, las nuevas tecnologías y la globalización parecen herramientas suficientes para que se pueda responder a la gran pregunta: ¿qué hacemos con los “niños del califato”?.

Unicef lo tiene claro: “Son de los niños más vulnerables del mundo y deberían recibir toda la atención y servicios disponibles”