Wednesday, June 26, 2019

Qué se ha salvado y qué se ha dañado en el incendio de Notre Dame

París, 16 abr (EFE).- El incendio de Notre Dame de París destruyó una parte importante del patrimonio arquitectónico, artístico y religioso de la catedral, pero el trabajo de los bomberos, además de evitar daños personales, ha permitido salvar muchos otros, en particular la estructura del edificio.

QUÉ SE HA DAÑADO

– La aguja.

La pérdida más visible es la aguja de la catedral, que se hundió entre las llamas apenas una hora después de iniciarse el incendio. Según el ministro de Cultura, Franck Riester, todo apunta a que fue allí donde comenzó el fuego, en una zona donde se habían iniciado obras recientemente y donde se había instalado un andamiaje de 100 metros de altura.

La aguja había quedado destruida varias veces a lo largo de la historia de Notre Dame. La que se vino abajo el lunes databa de 1859 y había sido diseñada por el arquitecto Eugène Viollet le Duc.

– El crucero y el transepto norte.

En un espacio contiguo también se hundieron el crucero y el transepto norte, y Riester dijo que hay “una gran inquietud” por la reacción de la bóveda del edificio a causa de la gran cantidad de agua que recibió de las mangueras de los bomberos.

– Tres reliquias.

En el interior de la aguja había tres reliquias que no se pudieron extraer: la que se considera una de las 70 espinas de la corona de Cristo y otras dos reliquias de san Dionisio y santa Genoveva.

– Dos tercios de la cubierta.

Los muros de la catedral han quedado totalmente en pie, pero según Riester se vinieron abajo dos tercios de la cubierta, lo que significa unos 1.000 metros cuadrados.

– Los rosetones.

Los tres rosetones que representan las flores del paraíso, construidos en el siglo XIII al mismo tiempo que el conjunto del edificio, se han visto afectados, pero “aparentemente no han sufrido daños catastróficos”, según Riester.

QUÉ SE HA SALVADO

– Las estatuas de los doce apóstoles y los cuatro evangelistas.
Estaban alrededor de la aguja, encima de la cubierta, y fueron retiradas de allí la semana pasada con una grúa para ser restauradas, y por tanto han quedado a salvo.

– El órgano mayor.

De los tres órganos de la catedral, se sabe que el mayor -uno de los más célebres del mundo, con cinco teclados y cerca de 8.000 tubos- ha quedado intacto. Se encuentra ubicado justo a la entrada del edificio, una de sus partes que han sufrido menos.

De los otros dos no hay datos fiables todavía.

– Las torres y la fachada.

Auténticas joyas del arte gótico, las torres Norte y Sur y la fachada de Notre Dame, que dan a la catedral su icónica imagen. En esa fachada está el Pórtico del Juicio, esculpido e instalado entre 1220 y 1230, a partir del relato del Evangelio de san Mateo.

– El Tesoro de Notre Dame.

Fue una de las primeras cosas que se extrajeron. Dentro de ese “tesoro” está la túnica de lino del rey San Luis, del siglo XIII, pero también la corona de espinas y otras reliquias de la Pasión de Cristo, como un clavo de la crucifixión y un trozo de la cruz.

– Los cuadros “Mays”.

Alrededor de una cincuentena de cuadros conocidos como los “Mays”, que forman parte de una serie de 76 regalados por la cofradía de los orfebres de París en homenaje a la Virgen María entre 1630 y 1707, se encontraban en el interior de la catedral.

Algunos de ellos fueron extraídos y trasladados al Ayuntamiento. Dentro han permanecido el resto, en las capillas laterales de las naves.

Riester precisó que los daños que se han apreciado hasta ahora en los cuadros se deben más al humo que al fuego. Probablemente no podrán sacarse hasta el viernes por motivos de seguridad y, cuando se haga eso, se trasladarán al Louvre para su restauración.

Lluvia de promesas millonarias sobre las cenizas de Notre Dame

 París, 16 abr (EFE).- No se habían apagado aún las cenizas del incendio en la catedral de Notre Dame y una lluvia de promesas de financiación, tanto de instituciones como de las mayores fortunas del país, ya trataba este martes de paliar la conmoción que sufren los franceses por uno de sus monumentos más queridos.

El presidente Emmanuel Macron quiso dejarlo claro poco antes de la medianoche del lunes: “Reconstruiremos Notre Dame todos juntos”, y anunció una colecta oficial en Francia y el extranjero.

Los anuncios llegaron sin pausa. A media tarde del martes, ya se contabilizaban hasta 750 millones de euros en compromisos de donación.

La familia de Bernard Arnault, la mayor fortuna de Francia y propietaria del grupo del lujo LVMH, señaló en un comunicado que realizará “una donación de 200 millones de euros al fondo dedicado a la reconstrucción de esta obra arquitectónica, que forma parte de la Historia de Francia”.

El anuncio de los Arnault respondía así al de la familia de François-Henri Pinault, otro de los grandes bolsillos de Francia, que cuando el incendio todavía no había sido sofocado, se comprometió a aportar cien millones a través de su sociedad de inversiones Artemis.

No quiso quedarse atrás otra de las familias señeras del dinero galo, los Bettencourt-Meyers, dueños de L’Oréal, que pondrán otros 200 millones.

En un nivel algo inferior, otros clanes como los Bouygues o los Decaux, que dan nombre a sendos grupos de telecomunicaciones y mobiliario urbano, se comprometieron a poner de sus bolsillos 10 y 20 millones respectivamente. La petrolera Total pondrá, según dijo otros cien millones.

Quizá para poner en contexto esta euforia dadivosa, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de París, Christophe Girard, se aprestó a matizar que a esas donaciones habría que descontarles las pingües desgravaciones fiscales que acarrean.

Y ese dinero, argumentó Girard en la emisora “France Info”, serán los contribuyentes quienes lo aporten.

El debate sobre las exenciones para quienes quieran aportar en la reconstrucción ya se ha abierto. El ministro de Cultura, Franck Riester, baraja declarar Notre Dame como “Tesoro nacional” lo que garantizaría reducciones de impuestos de más del 60 % para empresas y particulares.

Pero ni siquiera eso es seguro, ya que esa calificación se reserva normalmente para las obras que corren riesgo de salir del territorio francés. A primera vista, ese no parece el caso de la catedral parisina.

Con el fin de ordenar la previsible avalancha de contribuciones, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, propuso convocar una “conferencia internacional de donantes”, que se celebraría en el Ayuntamiento.

También se comprometió a que la institución que dirige contribuya con unos 50 millones de euros para los trabajos.

Por su lado, la presidenta de la región parisina, Valérie Pécresse, anunció asimismo una donación de diez millones de euros.

A todo ello habrá que sumarle las cantidades que los ciudadanos deseen aportar de su propio bolsillo. Tras el llamamiento de Macron a una colecta nacional, la Fundación del Patrimonio aseguró el martes a media tarde haber recaudado unos 14 millones de euros.

Otras iniciativas de microfinanciación han surgido en internet, y organismos como la Liga de Fútbol Profesional ya han dicho que no permanecerán al margen del esfuerzo colectivo.

Como icono europeo y de la cristiandad, Notre Dame tendrá también la ayuda desde fuera de Francia. El presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, ya instó este martes a todos los Estados miembros de la UE a contribuir.

Pese a todos estos anuncios, que por el momento no pasan de ser promesas y buenas intenciones, es de prever que la parte del león en la financiación de las obras se la lleve el Estado francés, propietario al fin y al cabo de la catedral.

El monumento, el más visitado del país con 13 millones de personas cada año, pertenece al Estado desde la ley del 9 de diciembre de 1905, que consagró la separación entre Iglesia y Estado.

Corresponde al Ministerio de Cultura costear todos los trabajos de mantenimiento, reparación y restauración de Notre Dame y de otras 86 catedrales francesas, según explica el propio departamento en su página web.

Otras 67 catedrales francesas tienen distintos propietarios, ya sean el propio municipio en el que se asientan, asociaciones diocesanas o, en el caso de Córcega, el gobierno regional.