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June 28, 2022

Niños de manglares llegan a Quito en fotografías de un mundo poco conocido

Quito, 27 jul (EFE).- Los niños de los manglares llegan a Quito en una exposición fotográfica que, sin pretender ser una denuncia, revela una realidad poco conocida de un mundo en el que los menores aportan a la economía del hogar, en una compleja simbiosis entre cultura y trabajo infantil.

En 24 gráficas de gran formato se muestra la realidad de los niños en “los manglares más altos del mundo”, en medio de un paisaje “que parece de otro mundo”, según el fotógrafo, Felipe Jácome.

Allí aparecen los menores y sus familiares que recogen conchas, que terminan en las mesas de lejanas ciudades convertidas en ceviche o como parte de otros potajes.

Las gráficas de 120 x 80 centímetros y de 55 x 80 centímetros, son el resumen de una década de trabajo de Jácome en la reserva Cayapas Mataje, que tiene unas 35.000 hectáreas de manglar y donde habitan 26 comunidades afroecuatorianas.

“Es uno de los últimos vestigios que quedan de este tipo de ecosistema en Ecuador”, dijo hoy Jácome a Efe, quien se “impresionó” al ver a niños en la “dura” labor de la recolección de conchas, aunque cree que no se trata de una explotación laboral.

Jácome confiesa que su enfoque en las fotografías del manglar “no ha sido necesariamente el de denuncia, pero está implícito dentro de su trabajo, que muestra una realidad que muy poca gente conoce”.

“He preferido no enfocarme en una denuncia del tema de trabajo infantil porque es bastante complejo. A lo largo de los diez años que he visitado la zona, no encuentro que haya un tema de explotación infantil como suele haber en otras zonas. Es un tema comunitario”, señaló al hablar sobre la participación de los menores en la recolección de conchas en compañía de sus familiares.

Para Consuelo Barrera, directora de asuntos Culturales, Patrimoniales y Turísticos de la Cancillería, donde se exhibe la exposición, en zona del manglar hay una “economía de subsistencia” en la que los niños estudian, pero también ayudan a sus familias.

“Es un tema complejo, un tema en que tenemos mucho que avanzar, pero que tampoco podemos esconder”, aseguró a Efe al pie de una de las fotografías en las que se aprecia a un menor en el manglar.

Para ella, los manglares son un medio de vida y sustento para muchas familias y cuna de una gran diversidad cultural, cargada de mitos y tradiciones.
Se busca presentar “expresiones, gente, medios de vida, su cultura y la parte ambiental”, dijo al explicar las razones de la muestra “Los reyes del manglar”, que se expone en los jardines del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Aspiran a “despertar un poco a la ciudadanía” en Quito para que comprenda que los manglares, la protección costera y las personas que viven allá “son importantes”.

“Por favor, recordemos y trabajemos para que se mantengan los manglares y se mejoren las condiciones de vida de nuestros compatriotas”, rogó.

Aunque dijo que no pretenden que la exposición logre cambiar vidas de forma directa, especula sobre efectos colaterales en torno a la zona, provocando una mayor sensibilización de la población.

Y es que, además de la situación de los “niños concheros”, en las fotografías también “hay cierta denuncia de las condiciones de vida” en comunidades que se inundan constantemente “que no tiene ningún tipo de saneamiento”, comentó Jácome.

Por ello, ve importante que la gente conozca “un Ecuador distinto, una zona de la cual ni se imagina, que ignora y que ha sido bastante abandonada por las instituciones estatales y por el resto del país”, dice.

Por ello cree que la exposición, inaugurada el viernes cuando se celebró el Día Internacional de la Conservación del Manglar, es una herramienta para poner en relieve la importancia del manglar, un ecosistema que está protegido en su totalidad en Ecuador, según la Constitución.

El país andino tiene 72.523,48 hectáreas de manglar dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Los manglares de la reserva ecológica Cayapas Mataje, que inspiraron la exposición, pueden alcanzar una altura de hasta cincuenta metros y fue ese precisamente el escenario en el que Jácome colgó en 2017 inmensas fotografías captadas en el sitio “para devolver el trabajo a las comunidades”.

Una exposición que llevó al manglar como “tributo” y que gustó especialmente a los jóvenes que “nunca han ido a una exposición de fotos”, dijo.

Susana Madera