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August 18, 2022

Los colores de la posguerra con la mirada del mejor fotógrafo de guerra, Capa

Palma, 17 oct (EFE).- Endre Friedmann era un húngaro que prometió a su madre ser un gran director de cine y acabó convirtiéndose en mito fundacional del fotoperiodismo de guerra con el nombre de Robert Capa. Desde este jueves, CaixaForum Palma exhibe lo mejor de las imágenes en color que realizó tras Segunda Guerra Mundial.

“Robert Capa en color”, una producción del Centro Internacional de Fotografía, institución con sede en Nueva York, reúne 140 de las fotos con película en color que el reportero empezó a hacer asiduamente en 1941, apenas un lustro después de la invención de esa tecnología.

Capa, afincado en París en los años 30, ha pasado a la historia de la fotografía por sus fotos en blanco y negro de la Guerra Civil española (por las que fue encumbrado como “el mejor” en 1938) y de la Segunda Guerra Mundial, pero ya en la contienda global empleó película en color en todas sus campañas de trabajo.

Cynthia Young, la conservadora del centro neoyorquino depositario del legado de Capa, ha subrayado que en aquellos años solo Kodak podía revelar los negativos en color, por lo que el proceso para la publicación de esas fotografías era largo y costoso.

Margarita Pérez-Villegas (i) y Cynthia Young (d), conservadora del centro neoyorquino depositario del legado de Robert Capa, posan ante una de las obras de la exposición “Robert Capa en color”.

No obstante, “él era un hombre de negocios en su profesión”, que insistía a los editores en las ventajas de ilustrar sus publicaciones con fotografías en color, que cobraba más caras, y que animaba a hacer lo mismo a sus colegas de la agencia que fundó en París para comercializar su trabajo, Magnum.

Young ha explicado en la presentación de la muestra, que se podrá ver en Palma hasta el 20 de enero, que el deterioro de los negativos de medio y pequeño formato conservados ha podido ser subsanado gracias a la tecnología digital.

Junto a las fotografías exhibidas, la exposición recoge revistas de la época con imágenes de Capa tanto en color como en blanco y negro, lo que permite el contraste entre las dos técnicas y entre sus resultados.

La conservadora del Centro Internacional de Fotografía ha subrayado que no puede ponderarse de forma comparativa la calidad fotográfica de las imágenes en blanco y negro con las de color. La clave son “las historias”, ha enfatizado la experta.

Algo que sí se pone más de manifiesto en las fotos en color es el “sentido impresionante de los detalles de la vida” que tenía el fotógrafo húngaro, cuya exitosa carrera se truncó a los 40 años cuando una mina le mató cubriendo la guerra de Indochina.

Aunque hay unas pocas fotografías bélicas, el grueso de “Robert Capa en color” lo conforman imágenes de la paz próspera y brillante (real o pretendida) de los años 40 y primeros 50, desde las glamurosas pistas de esquí suizas y las estrellas del cine y el arte internacional, a gentes comunes de Hungría, la URSS y Noruega.

La fotografía “de acción”, cuyos estándares tanto ayudó a conformar Capa, se combina en la exposición con los retratos de celebridades o de personas anónimas y las imágenes del occidente triunfador al gusto de las revistas de la época, en las que “todo el mundo es bello, todo el mundo es joven, todo el mundo es saludable”, ha explicado Young.

En la muestra, que se enriquece con un programa de conferencias, tertulias y visitas especiales, se puede escuchar la única grabación de la voz de Capa, una entrevista de radio en la que habla de una de sus imágenes más famosas, “Muerte de un miliciano”, de la que dice que “nace en la imaginación de los editores y del público que la mira”.