Wednesday, January 26, 2022

Ni la depresión ni la tristeza le van a devolver a usted las piernas

Washington, 27 oct (EFE).- Hace once meses la vida de José Fernando Carvajal, un agente de la Policía de Colombia, cambió: en una operación de erradicación de cultivos ilegales pisó una mina y perdió sus piernas. Hoy junto a 14 exuniformados y víctimas, todos con secuelas del conflicto, da cátedra de resiliencia.

Carvajal es parte de un grupo de atletas colombianos invitado a la maratón organizada por los Marines estadounidenses en Washington y en la que estos supervivientes serán testimonio de una recuperación en la que han sido acompañados por las organizaciones United For Colombia y Achilles International.

A continuación algunos de los testimonios de estos atletas entre los que también destacan Pierry Duvan Ramírez, que hace más de dos décadas sufrió una lesión medular en la columna durante un ataque de la ahora exguerrilla de las FARC, y el subintendente de la Policía Álvaro Sánchez, quien perdió sus piernas:

“Los seres humanos tenemos que también reinventar nuestra vida”

Carvajal, con escasos 24 años, ha logrado en 11 meses caminar con prótesis y hacer parte de una delegación de atletas que maniobra ágilmente sus bicicletas de mano.

El año pasado, en noviembre, “lastimosamente pisé una mina antipersona puesta por un grupo al margen de la ley. Esta mina antipersona pues me dejó la amputación de las dos piernas por arriba de la rodilla”, explicó Carvajal a Efe.

Esa vez, este joven dedicado a guiar perros entrenados para detectar minas antipersona instaladas para evitar la erradicación de cultivos ilegales no contó con la pericia de su acompañante, “Hulk”, que pasó a jubilación y fue reemplazado por una nueva ejemplar cuyo olfato fue engañado por las sustancias que camuflan el explosivo.

Hoy caminando con sus prótesis y luciendo el uniforme de una delegación que corona con la bandera de su país sobre sus hombros, este joven policía recordó que un día en la sala de cuidados intensivos tomó la que consideró una decisión “muy importante” en su vida: perdonar.

“Los seres humanos tenemos que también reinventar nuestra vida cuando pasamos por una dificultad, porque uno tiene que entender algo: ni la depresión ni la tristeza le van a devolver a usted las piernas y si a mí me dijeran tal vez es que por cada día de tristeza que usted tenga a usted la va a crecer un centímetro el huesito, entonces yo ya tendría cuatro piernas”, relató este policía oriundo de la población de Girón.

“Pero como la vida no es así, entonces le toca a uno saber de que la situación que está pasando es la que le tocó y uno tiene que tratar de que las acciones del presente le ayuden para el futuro”, agregó este policía que ya en enero pasado empezó a nadar y desde hace seis meses recuperó la posibilidad de caminar con sus prótesis.

“Todos los días hay que dar la batalla por la vida”

Desde la oscuridad, como Wilson Marcial Calderón define la pérdida de su visión, este ex sargento viceprimero del Ejército de Colombia sigue dando la pelea.

La detonación de un cilindro de gas cargado de explosivos durante un ataque de la guerrilla a militares que participaban en una operación en el noroeste de Colombia le causó a Calderón quemaduras en la cabeza, el cuello, el tórax y los brazos, lo que lo mantuvo cuatro meses en coma y alrededor de tres años en la Mayo Clinic, en EE.UU., donde le practicaron más de 30 cirugías.

“Todos los días hay que dar una batalla por la vida, pero lo importante de esto es que así estemos en la circunstancia de ceguera, de oscuridad, podemos seguir adelante, podemos seguir buscando una nueva oportunidad a través del estudio”, defendió Calderón, quien en cuatro meses espera graduarse de abogado y ya antes cursó estudios de Lenguas Modernas.

Acostumbrado a correr 10 kilómetros apoyado por un guía y con una serenidad asombrosa en sus palabras, recordó que la “guerra deja heridas profundas”: ciegos, mutilados, niños huérfanos, viudas, muertos.

“El gran mensaje para la sociedad colombiana, para la sociedad a nivel mundial: Colombia no es solamente cocaína, Colombia no es solamente narcotráfico, Colombia tiene un corazón inmenso para entregar a la sociedad entera y decirle que entregamos lo mejor por nuestro país”, sentenció.

“Soy una de las víctimas que pueden ser visibles”

Lina Marcela Ortiz sufrió con apenas 13 años la pérdida de su pierna derecha mientras visitaba a su papá, entonces un policía activo, en la población de Salado Blanco, en el departamento de Huila.

“Un 25 de diciembre de 1998, estábamos visitando a mi papá: mi mamá, mi hermanita de 5 años, mi hermana de 40 días de nacida, cuando las FARC incursionó en la estación de Policía y allí una granada explotó en mi pierna derecha. Lastimosamente la destrozó en su totalidad”, aseguró, sin dejar de ocultar su tristeza por haber vivido una adolescencia con frustraciones, con falta de oportunidades y en una sociedad “un poco superficial”.

“Tenía tan solo 13 años, me transformaron de 13 años a 20 años a una realidad para la cual yo no estaba preparada”, admitió esta joven que para entonces no tenía “ni idea” de la palabra amputación.

Ya graduada de abogada, practica desde hace seis meses marcha y lo hace para ser la cara de quienes pasan desapercibidos.

“Yo soy una de las víctimas que pueden ser visibles, pero toda esta gente que está en los campos, que están en ciudades bastante lejanas, que no son reconocidas, que no tienen una prótesis, que no tienen ese apoyo”, afirmó Ortiz, quien indicó que esas víctimas “invisibles también existen” y son causadas por ese conflicto que hoy no se puede dejar “de reconocer que existe y que ha existido por tantos años”.