Saturday, October 23, 2021

El hambre resurge en millones de hogares de Brasil por el coronavirus

Fotografía fechada el 20 de abril de 2020 de habitantes en situación de calle y desempleados recibiendo un plato de comida de la Asociación Francisca de Solidaridad de Sao Paulo. EFE/ Fernando Bizerra

Sao Paulo, 23 abr (EFE).- Ricardo Cordeiro Junior hace fila junto con su esposa sordomuda y su hijo autista para recibir un plato de comida en pleno centro de Sao Paulo. Despedido en plena pandemia, ahora depende de la beneficencia para no pasar hambre, como él más de cinco millones de brasileños pueden volver a la extrema pobreza.

“Vino la crisis y acabó con todo, no tenemos nada”, asegura este obrero de 47 años ahora desempleado y que se ha visto obligado a “no cumplir con el aislamiento social” por “un plato de comida” y una botella de agua.

Ricardo ha solicitado el subsidio de 600 reales (110 dólares) durante tres meses ofrecido por el Gobierno, pero dice que aún está en trámite y que no ha recibido “ni un centavo”.

Desde hace un mes come gracias a la Asociación Francisca de Solidaridad de Sao Paulo, que reparte alrededor de 3.000 almuerzos y cenas todos los días a todo aquel que lo necesite, una escena que ha devuelto el fantasma del hambre a Brasil.

La fila da la vuelta a la cuadra y es cada vez mayor con el paso de las semanas, según explica a Efe fray Leandro Costa.

Acuden mendigos, pero también trabajadores informales -hay unos 40 millones en Brasil- que vivían con lo justo y perdieron su empleo de la noche a la mañana.

ARROZ Y FRÍJOL PARA SOBREVIVIR AL CORONAVIRUS

Fotografía fechada el 20 de abril de 2020 de habitantes en situación de calle y desempleados recibiendo un plato de comida de la Asociación Francisca de Solidaridad de Sao Paulo. EFE/ Fernando Bizerra

En una ocupación en el barrio de Chácara Três Meninas, en la región metropolitana de Sao Paulo, cientos de familias resisten al coronavirus encerrados en sus casas gracias a las donaciones de la sociedad civil y a los propios vecinos.

Débora Gonçalves, de 37 años, tiene cinco menores a su cargo más una hija que viene los fines de semana.

Su esposo ya no trabaja como transportador en el aeropuerto internacional de Guarulhos y ella ha dejado de limpiar casas por causa de la cuarentena que rige en todo el estado de Sao Paulo desde el pasado 24 de marzo y hasta, previsiblemente, el 10 de mayo.

Su única fuente de ingresos ahora es la pensión que recibe uno de los hijos de apenas 250 reales al mes (46,3 dólares).

¿Cómo se alimentan? “A veces voy a casa de mi hermana, a casa de mi madre, aparece alguien con una cesta (básica) y así va la vida hasta que la cosa mejore”, afirma a Efe.

EL FALSO DILEMA: ¿SALUD O HAMBRE?

Fotografía fechada el 20 de abril de 2020 de habitantes en situación de calle y desempleados recibiendo un plato de comida de la Asociación Francisca de Solidaridad de Sao Paulo. EFE/ Fernando Bizerra

“La pandemia llega a un país extremadamente desigual, con una concentración de riqueza tremenda y una reducción en la inversión de políticas sociales”, especialmente desde que llegó al poder el Gobierno de Jair Bolsonaro, explica a Efe Katia Maia, directora ejecutiva de Oxfam Brasil.

Según los últimos datos oficiales, correspondientes a 2018, la extrema pobreza en Brasil alcanzó ese año su mayor nivel desde 2012, con el 6,5 % de la población, equivalente a 13,5 millones de personas con ingresos menores a 1,9 dólares por día.

Por otro lado, un cuarto de la población brasileña, unas 50 millones de personas, aún siguen siendo pobres, es decir, viven con menos de 5,5 dólares diarios.

En este contexto, el coronavirus llega en el peor momento posible y amenaza con echar por tierra todo lo conseguido entre 2003 y 2014 durante los Gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), cuando más de 29 millones de brasileños dejaron la pobreza y el país salió del mapa del hambre de la ONU.

Carlos Meneses Sánchez