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April 14, 2024

COVID -19 Y SALUD MENTAL.

A mi manera

Juan Carlos Valderrama

Seguramente cuando alguien le dice a usted que debería visitar a un psicólogo, su primera respuesta sería: “No, ¿por qué tendría que ir? yo no estoy loco”. Trataré de poner en su conocimiento sobre la necesidad de recurrir a especialistas en atención primaria de salud,

Primeros Auxilios de Salud e Higiene Mental, un psicólogo, un coach, socorristas, centros de crisis, un counselor, un trainer, un consejero, un psiquiatra, líneas hot de prevención de suicidio entre otros agentes comunitarios, están disponibles en los tiempos del COVID-19.

En nuestra vida diaria enfrentamos circunstancias y eventos inesperados, fatales, traumáticos como incendios, asaltos, terremotos, la muerte, la pérdida del trabajo y hoy el COVID-19 lo que generan estados de crisis en el ser humano sin que den el tiempo suficiente para desarrollar estrategias de prevención individuales o colectivas. Ante la cuarentena se provocarán diverso tipo de reacciones emocionales como agitación, ansiedad, frustración, impotencia, miedo, nervios, pánico, rabia, estrés o tristeza en las que la persona siente que su vida ha sido detenida, interrumpida, atacada, violentada o quebrada; reacciones conductuales inadecuadas de paralización, escape o huida; en el pensamiento ideas inapropiadas, trastornos en la capacidad de reflexionar y tomar decisiones acertadas e incluso pensamientos suicidas.

En algunas personas se generarán cambios neuroquímicos en el sistema nervioso central y pueden afectarse las respuestas inmunológicas, también cambios en el funcionamiento corporal como taquicardia, tensión de los músculos, sensación de vacío en el estómago, anestesia sensorial al dolor, el sueño se hace irregular y poco reparador, disminuye el apetito, surgen la irritabilidad y los conflictos en las relaciones interpersonales resultando en altos índices de violencia doméstica como reportan las diversas estaciones policiales así como agresiones a los niños y dificultad en el cumplimiento de tareas habituales o cotidianas a pesar que se cuenta con el tiempo suficiente para hacerlas.

Algunas personas tendrán lo que se conoce como trastornos de personalidad bipolar con cambios de estados de ánimo en sus fases maniac-depresiva, donde en la primera tendrá un estado demasiado alegre, activo lleno de energía con altos niveles de actividad y en la segunda una depresión en sus diferentes niveles de afectación.

Otras personas ya empezaron a escuchar voces o ver cosas que no están presentes, hablando de ideas extrañas o inusuales, también se sientan durante horas sin moverse de su sitio viendo televisión, películas o jugando juegos de video sin hablar con ningún miembro de la familia adquiriendo rasgos esquizofrénicos.

Sólo cuando somos conscientes que podemos contagiarnos o adquirir el COVID-19 y podemos poner en peligro a nuestras familias, estamos en la fase de amenaza donde se produce el miedo y una tensión emocional colectiva que nos prepara el enfrentamiento a la amenaza. Las reacciones individuales dependen de varios factores, entre los cuales está la experiencia previa, la cual no tenemos frente a la amenaza de una pandemia como la que estamos viviendo. Pueden surgir actitudes de negación del peligro en las que la persona continúa con sus actividades cotidianas y no toma precauciones, pensando que tal pandemia no existe o que es una invención, no sabiendo de quién o por qué; en otros casos aparecen actitudes desafiantes, como las que vemos en algunos países o estados frente a las autoridades; de gran desorganización, muchos quieren salir a las calles porque están cansados o comportamientos pasivos resignados como: “así es la vida que vamos a hacer”, “de algo tenemos que morir” o agitados con agresión o violencia que resultan poco adaptativos. Algunos se refugiaron en el uso excesivo de alcohol para olvidar, otros abusaron de sustancias y otros harán uso de sobredosis de drogas.

Todo ello generará un proceso de aprendizaje sobre cómo afrontar esta pandemia, cierta capacidad de adaptación y tolerancia a la frustración, aunque el temor, la ansiedad y la depresión se vayan atenuando, persistirán por mucho tiempo la tristeza y la rabia; así como sentimientos de culpa por haber sobrevivido o no haberse podido despedir o impedido la pérdida de un familiar querido.

En la fase de readaptación las circunstancias ambientales y contextuales favorable facilitarán que el individuo recupere la capacidad de asumir su cotidianidad de no ser así las reacciones psicosomáticas negativas persistirán y se harán crónicas. Cabría preguntarnos cuánto tiempo pasará para que volvamos a la normalidad.

En la diversidad de casos, la provisión de ayuda es precaria, desorganizada y tardía; se agota muy prontamente, los tumultos pueden constituirse en una circunstancia agravante de la problemática y podrían generarse conflictos sociales que deberían evitarse.

Esta pandemia es una prueba de la resistencia o resiliencia del ser humano, de su capacidad de sobrevivencia en la que debemos evitar caer en la desesperanza y el agotamiento de las defensas.

Si usted se identifica con algo de lo escrito por favor recurra a lo recomendado líneas arriba ya que está demostrado que la intervención en salud mental en situaciones de crisis o desastre son necesarias e indispensable.