Sunday, October 17, 2021

Alerta regional entre los países vecinos de Brasil por el COVID-19

Indígenas brasileños asisten al funeral del cacique Messías Kokama, de 53 años, víctima de COVID-19, en el Parque de las Tribos, el jueves 14 de mayo de 2020, en Manaos (Brasil). Con cerca de 18.000 muertos y más de 270.000 casos confirmados por COVID-19, Brasil, epicentro de la enfermedad en América Latina, se ha convertido en un vecino incomodo para los diez países con los que comparte frontera. EFE/ Raphael Alves

Bogotá, 20 may (EFE).- Con cerca de 18.000 muertos y más de 270.000 casos confirmados por COVID-19, Brasil, epicentro de la enfermedad en América Latina, se ha convertido en un vecino incomodo para los diez países con los que comparte frontera.

Pese al silencio de las Cancillerías, ya han surgido críticas en los países colindantes ante la actitud pasiva del Gobierno de Jair Bolsonaro que desde el principio ha restado importancia al coronavirus y que no ha atajado una pandemia cuyo primer caso latinoamericano se dio el 26 de febrero en Sao Paulo.

“Es un vecino incómodo pero sobre todo por la actitud de Bolsonaro. Nosotros en Paraguay cerramos muy pronto las fronteras y fue una medida acertada”, declara a Efe el político paraguayo y escritor Carlos Mateo Balmelli, que destaca que su país es uno de los más exitosos en la lucha contra la pandemia del SARS-CoV-2.

PERDIENDO AMIGOS

Brasil, tercer país del mundo con más casos después de Estados Unidos y Rusia, está perdiendo aliados a medida que aumentan los contagios. Esta misma semana, el presidente Donald Trump dijo que se plantea vetar la entrada a su país a los brasileños que ingresan por los aeropuertos de Orlando y Fort Lauderdale.

El mandatario explicó que “la mayoría” de los viajeros desde Brasil y Latinoamérica “llegan a Florida” y afirmó: “no quiero que venga gente (contagiada) e infecte a nuestra gente”.

Con Argentina, vecino y socio más cercano, también hay enfriamiento. Unas declaraciones de su presidente Alberto Fernández que, de forma velada, decía que Brasil era un mal ejemplo en la lucha contra el coronavirus, levantó una airada declaración de Bolsonaro que afirmó que el país “camina al socialismo” y tiene miles de muertos menos que Brasil por la diferencia en la cantidad de habitantes.

LA VIDA EN LA FRONTERA

Otro aliado, Colombia, decidió incrementar la presencia militar a lo largo de la frontera con Brasil, a medida que aumentan las infecciones y muertes en el Amazonas, uno de los departamentos colombianos más afectados, con el objeto de frenar casos importados.

La capital de este departamento, Leticia, comparte frontera -una carretera polvorienta y ruidosa- con la ciudad brasileña de Tabatinga, que cuenta ya con 525 casos y 47 óbitos, liderando así el escalafón nacional de mayor número de muertos por cada 100.000 habitantes.

“Contrariamente a lo que se ha visto en Colombia, protegiendo Leticia, en Perú no habido declaración oficial de ningún tipo. En las redes y entre analistas hay muchas críticas a Bolsonaro e, incluso, miedo por lo que está pasando en Brasil”, destaca a Efe el analista político y profesor peruano Francisco Belaúnde.

Perú, con 32 millones de habitantes, es el segundo país más afectado en Latinoamérica con cerca de 100.000 casos, solo por detrás de Brasil, y ha mantenido una política diametralmente opuesta al gigante suramericano.

“Empezamos bien, añade Belaúnde, fuimos el primer país de la región en decretar la cuarentena y se anunciaron importantes medidas económicas. Sin embargo, se han detectado errores, contradicciones y discrepancias”.

Más al norte de Brasil, otro vecino, Venezuela anunció un nuevo toque de queda en tres municipios limítrofes con Colombia y Brasil ante un repunte de casos del COVID-19, un aumento que el país vincula al retorno de venezolanos en medio de la pandemia.

LÍNEAS POROSAS

La presencia militar puede frenar el intercambio social pero no hay que olvidar que Brasil cuenta con un total de 16.885 kilómetros de línea fronteriza, lo que lo sitúa en el tercer lugar de países con fronteras internacionales terrestres más largas, después de China y Rusia.

Controlar estas dimensiones continentales y con ríos como el Amazonas que suponen vías fluviales de comunicación que no atienden a mapas políticos, es un trabajo complicado en unas comunidades acostumbradas.

“Tenemos frontera seca y eso puede suponer que se produzcan actividades ilícitas que no han parado con la pandemia, Cruzar de un lado a otro es muy fácil. En Paraguay estamos controlando pero Brasil debe poner de su parte”, señala Balmelli, que advierte sobre el desplome económico en la región derivado de la pandemia.

Juan Carlos Gómez