Friday, April 16, 2021

COVID 19 Y LA POLÍTICA SUDAMERICANA

A mi manera.

Juan Carlos Valderrama.

Usted definitivamente tiene un país de referencia, es decir de procedencia, vale decir donde nació de manera generacional o accidental por lo tanto piensa y siente sobre él, o lo ama u odia, por así decirlo algunas veces lo defiende y otras reniega de él, de su gente, es decir sus pobladores o de sus políticos. En el presente artículo hablaré sobre algunos políticos sudamericanos y sus incoherencias frente al tema de la pandemia COVID-19 para lo cual no están preparados y empezaré de manera alfabética para no herir susceptibilidades y/o sensibilidades.

En Argentina Alberto Fernández, su presidente, fue uno de los primeros en promover la cuarentena un 19 de marzo; ese mismo día un grupo de vecinos en Neuquén decidió festejar un cumpleaños con un asado y celebraron compartiendo cerveza o vino de la misma botella, unos días después el cumpleañero estaba muerto.

En Bolivia, el gobierno de Jeanine Anez intensificó su campaña de acusaciones y persecución política a la oposición, con el fin de ocultar la carencia de elementos de protección del personal de salud, que inclusive tiene que comprárselo, ya que el país solicita millones en créditos internacionales porque hay una descapitalización y desempleo debido a la paralización económica del país, por causa del virus.

En Brasil, liderado por Jair Bolsonaro, se realizó un cumplimiento irregular del aislamiento social y en algunos lugares prácticamente no existió y comenzó a relajarse en el momento más crucial. No hubo restricciones de las personas durante las fechas festivas, Semana Santa y vacaciones. Bolsonaro ignoró las reglas de distanciamiento social, participando, alentando e incluso causando aglomeraciones; la minimizó llamándola “gripezinha” un 24 de marzo. El 29 de marzo ingresó a una farmacia y una panadería tomándose fotos, el 9 y 10 de abril en una multitud de personas se abrazó, besó y estrechó las manos con sus partidarios políticos. No usó máscaras. El 19 de abril participó y habló en una manifestación de cierre del congreso, cuando pasaron los 5,000 muertos ante la pregunta de un periodista sobre ello, dijo: “¿Qué quieres que haga?” manifestando un constante desacuerdo con autoridades como gobernadores y alcaldes. Destituyó al Ministro de Salud el 16 de abril en medio de la pandemia, abusó de las noticias falsas como que las unidades de cuidados intensivos estaban vacías o que las funerarias no tenían muertos, y de promesas de curas milagrosas como la hidroxicloroquina, es por ello que ocupa el primer lugar de muertos en Sudamérica .

En Colombia, el gobierno de Duque presentó fallas en la toma de pruebas y sus resultados no procesados por incumplimiento de los protocolos estándares, hubo falta de rigor en el aislamiento social, las sospechas de casos en las cárceles y en el Amazonas están presentes.

En chile, la nación que preside Sebastián Piñeira, las medidas fueron vagas, deficientes y tardías, hicieron caso omiso a las recomendaciones de adoptar restricciones más severas a la circulación, no se mostró intención de aislar mejor a la población llegando a decir la subsecretaria de Salud Pública que una cuarentena total era “impracticable”, siendo poco claros en la toma de decisiones y al momento de difundir las cifras.

En Ecuador, el país presididó por Lenin Moreno hubo una tardía reacción en Guayaquil. Por Internet se vieron cadáveres en las calles o en viviendas envueltos en plásticos producto de un sistema hospitalario desfinanciado. Largas filas de vehículos con ataúdes de cartón iban camino al cementerio. Hasta hoy las familias buscan a sus fallecidos y hay errores en la identificación de cadáveres, falta de provisión de insumos médicos, un verdadero caos en el manejo de la pandemia. La alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, también contagiada dijo a la prensa “aquí todos son culpables”, los ciudadanos no respetaron la cuarentena además que hubo una debilidad informativa.

En Paraguay, en el gobierno de Mario Abdo Benítez, si bien es cierto hay medidas coercitivas es más importante la conciencia o el convencimiento ciudadano. Se aplicó la seriedad en la cuarentena parcial y después total, restricciones de la circulación terrestre, cierre de las fronteras y del aeropuerto internacional, se duplicaron las camas de terapia intensiva, se construyeron hospitales modulares, se postergó el pago de servicios básicos, como luz, agua y teléfono, se dio kits alimenticios para zonas vulnerables del país, y se estableció un control en los supermercados.

El gobierno de Martín Vizcarra en Perú reacciono rápido declarando la emergencia sanitaria, restricciones a las reuniones de más de 300 personas y el aislamiento domiciliario, inclusive antes que la Organización Mundial de la Salud declarara al COVID -19 como una pandemia. El presidente peruano ordenó la cuarentena general y el cierre de fronteras. Sin embargo, hoy Sudamérica ocupa el segundo lugar de muertos. La problemática es que la salud pública no ha escapado a la burocracia administrativa y a la corrupción histórica, tocó al sector salud con escasas camas para las Unidades de Cuidados Intensivos, con escasos equipos de atención, lo que ha llevado a atender a los pacientes en sillas al aire libre o no los reciben. Con escasos recursos humanos, es necesario señalar a doctores infectados o muertos y el área rural y amazónica, abandonadas en infraestructura y equipos con una precariedad estructural.

El gobierno de Luís Lacalle Pou del Uruguay apeló a una consulta temprana, una aplicación móvil que guía a la persona sobre la enfermedad y lo pone en contacto con centros de salud, atención primaria a domicilio para evitar el desplazamiento a hospitales, normas definidas para el personal de salud. Se duplicó la aplicación de vacunas antigripales, se recomendó el uso de mascarillas y a la responsabilidad de la población a diferencia de los demás países. Solo recomendó a las personas evitar salir a la calle. Hoy tiene una enorme preocupación por la relajación de la  cuarentena, por una creciente circulación de personas lo que es contrario a las líneas de política propuestas por el gobierno.

En el pintoresco Venezuela de Nicolás Maduro, quien habla con los pajaritos, las dudas sobre las cifras oficiales de contagiados y muertos son razonables. Pueden ser inventadas o manipuladas ya que el gobierno controla la información total.

En síntesis, una suma de errores y aciertos, confusión casi total sobre algo para que casi ningún organismo estaba preparado, queriendo dar la impresión que todo está bien, sin cumplir criterios normativos que se estipulan; muchas posturas se han encargado de obstaculizar el trabajo de la prensa y las informaciones veraces del sector salud sobre una realidad discutible, controversial e inusual, el COVID-19.