Monday, October 18, 2021

TODOS SOMOS MIGRANTES

LA ABUELA ESTHER

Por Lic. María Esther Schumacher

Esther Muñoz Espín de Schumacher con su hijo Gustavo Teodoro Schumacher Muñoz

Permanente curiosidad. Mis antepasados. La familia. Sus mujeres. Diferentes pero muy especiales. “La mujer es el pilar de la familia y la familia es la base de la sociedad” frase gastada de tanto usarse, cliché favorito de los políticos en sus discursos. Sin embargo no del todo falsa.

Así es y ha sido durante siglos en las sociedades  donde los hombres han ejercido el poder. Sumisión total. Las mujeres se han dedicado a parir a los hijos, cuidarlos, alimentarlos y educarlos de acuerdo con las reglas de su comunidad.

Conocí tres  antepasadas directas  una abuela, una tía y mi madre. Las tres sabían cumplir, en mayor o menor medida, con las “labores propias de su sexo”.  Mi abuela paterna Esther Muñoz Espín era la excepción si pensamos en las abuelitas mexicanas. Dura, poco cariñosa, seca, dedicada a sus actividades económicas y sociales.  Jamás quiso ser abuela.  Le parecía que eso y ser una viejita inútil a punto de morir eran lo mismo. Así me acuerdo de ella siempre, desde que yo era una niña, hasta que murió muy vieja, a los 93 años.

Nació en Cuernavaca, Morelos a fines del siglo XIX, en una familia que vivía en el pueblo. Poco sé de su niñez. Su padre Agustín Muñoz se dedicaba al comercio y su madre Ángela Espín al hogar.  Asistió a la escuela durante un par de años hasta que aprendió a leer, escribir y hacer cuentas.  Su padre la sacó de la escuela porque consideraba que ya había aprendido lo que necesitaría para llevar una casa y que ya la escuela sólo le serviría para buscar novio.  Algo pasó en la familia. La niña Esther no volvió a ver a su padre.

Su madre se volvió a casar y mi abuela se fue a vivir con Delfina, su madrina de bautizo. De las muy pocas cosas que me contó alguna vez mi abuela, fueron los años felices de su niñez que pasó son su madrina Delfina. Una maestra soltera que acogió a su ahijada con cariño y le enseñó todo lo que ella sabía y disfrutaba.  A los quince años se casó, como era la costumbre, con  Eduardo Sota, un cincuentón español  dedicado al comercio y escogido, como era la costumbre, por su madre, su padrastro y su madrina Delfina.

El matrimonio procreó una niña, Esperanza quién casi no conoció a su padre pues murió cuando ella era muy chica.  Esther joven viuda regresó a vivir a casa de Delfina. Pasaron unos años y mi abuela Esther, conoció a un señor alemán que acababa de comprar una hacienda cerca de Cuernavaca en donde pensaba establecerse. Era mi abuelo Theodor Schumacher. Se casaron. El abuelo Theodor adoptó legalmente a Esperancita la hija de su mujer, ahora Esperanza Schumacher Muñoz, mi tía y mujer determinante en mi vida.

Esther Muñoz Espín de Schuacher y Theodor Schumacher

Mi abuela se volvió a quedar viuda.  Mi abuelo Theodor murió unos años más tarde dejando a la abuela con dos hijos. La tía Esperancita y mi papá que había nacido  el 4 de diciembre de 1913. El segundo Teodoro de la familia Schumacher ya nacido en la ciudad de México. Mi papá disfrutó pocos años del rancho en Acapantzingo, Morelos y en realidad creció y se educó aquí en la ciudad.

Esther con su inteligencia y pocos conocimientos supo qué hacer con el dinero y las propiedades que Theodor le había dejado. Desde ese momento y durante toda su vida siempre tomó las decisiones acertadas. Acapantzingo  y el negocio de exportación de miel de abeja se perdieron, entre la muerte de Theodor y las turbulencias políticas y sociales en Morelos, en los años veinte.  Mi abuela se quedó a vivir en la ciudad de México con sus dos hijos, la tía Esperancita y mi papá.

Perteneció siempre a la Colonia Alemana en México y cultivó a los amigos de su marido que estuvieron dispuestos a apoyar a la viuda Schumacher. Vendió la casa grande de la colonia Roma  y la de Mixcoac. Compró una propiedad en la avenida Chapultepec que, además de una casa en el primer piso tenía tres accesorias que daban a la calle  y una casa chica en la planta baja. Compró una vecindad en la que había 20 cuartos que rentaba.

Cuando yo era chica la acompañaba a veces a cobrar las rentas, actividad que no disfrutaba nada, pero que ahora sé le permitió a mi papá estudiar Ingeniería Civil y a mi tía perfeccionar los tres idiomas que había aprendido para convertirse en secretaria trilingüe.  Nunca dejó de reunirse con sus amistades y en su casa siempre había toda clase de fiestas. Tenía un grupo de amigas que se reunían a tocar el piano, cantar, montar pequeñas obras de teatro y recitar poesía. Dentro de estos grupos de amigos había algunos inversionistas y empresarios de quienes aprendió a invertir su dinero. No creo que a mi abuela Esther le haya sido fácil la vida, pero el carácter fuerte, el extremo cuidado con el que supo manejar su patrimonio y haber sabido desenvolverse como mujer sola sin necesidad de buscar un hombre que la protegiera, la hicieron una mujer poco común para su época y su país.

Tristemente no me heredó su habilidad para manejar el dinero ni para emprender un negocio, pero sí me gustan las matemáticas y sobretodo disfruto las pachangas.

La Lic. María Esther Schumacher realizó su especialización en Estudios Latinoamericanos. Facultad de Filosofía y Letras UNAM. Profesora de la UAMX y la UNAM. Directora de Cultura y Medios de Comunicación. Programa para las Comunidades Mexicanas en el Extranjero. Secretaría de Relaciones Exteriores de 1990 a 2000. Editora del periódico bilingüe La Paloma.