La Oferta

May 18, 2022

Todos somos migrantes

Trozos de mi vida (sin ti)

Segunda parte

Por Lic. María Esther Schumacher

Antepasados. Mi abuelo Theodor Schumacher.

Mi padre, Teodoro Schumacher. Sus últimos años fueron para mí, los más importantes. Nuestra relación había cambiado cuando yo, ya sintiéndome una joven, terminé la secundaria en el Colegio Alemán donde estaban mis amigos y toda mi niñez. Era desde luego, el lugar donde quería estudiar la prepa.

Mi papá, por primera y única vez que yo recuerde, decidió que yo debería entrar a la Preparatoria #1 de la UNAM. Sin derecho a réplica tuve que obedecer y muerta de miedo al salir de mi sitio de confort, me fui a CU para inscribirme. Al ser egresada del Colegio Alemán Alexander von Humboldt y tener un buen promedio, me inscribí en la Prepa #1.

Papá se dedicó entonces a contarme sus experiencias más agradables de la Prepa. Lo primero que me dijo fue: “hija, ni el colegio ni tus amigos son México. Tú eres mexicana y debes estar orgullosa de serlo así como de la parte de sangre alemana que corre por tus venas. La Universidad donde espero que hagas todos tus estudios te va a enseñar el lugar donde vas a vivir, cuando menos todavía muchos años”.

Esas palabras jamás se me han olvidado y sé que papá tenía razón. Durante toda mi vida he enfrentado personas racistas, clasistas y machistas y he tratado de, cuando menos, educar a mis hijos para que no sean así. Llegó el primer día de clases. Por primera vez iba a ir sola en un camión a las seis y media de la mañana. Mi primera clase era a las siete. Mi mamá me acompañó, también con miedo, a la esquina a tomarlo y me dio millones de recomendaciones para que me cuidara.

Cuando llegué al centro de la ciudad de México, me imagino que igual que a mi papá años antes, me impresionó lo bello que es. Lo majestuoso del zócalo y todos los edificios coloniales a su alrededor. Todavía, cada vez que voy a San Ildefonso, ahora un museo, me impresionan sus espacios y sus regios murales. Me ataca la nostalgia. Una vez adentro, esperando al maestro para tomar mi primera clase conocí a Esperanza Ortega. Amiga entrañable y querida como hermana con quien transité 60 años de mi vida, hasta que ella murió.

Esperanza y yo recorrimos todo el centro, seguimos los consejos de papá para visitar iglesias barrocas y todos los edificios hoy iconos de la Cd. de México. Esperanza se volvió parte de mi familia y aunque ella entró a estudiar Arquitectura y yo Ingeniería Química, nuestras vidas se dieron paralelas y siempre estuvimos juntas. Aquel primer día de clases  llegué a mi casa con ganas de contarle a mi papá mis vivencias. Mi mamá solo preguntó si me había gustado y si todo había estado bien.

Teodoro Schumacher Muñoz

Papá trabajaba en Toluca, su puesto Presidente de la Junta de Electrificación del Estado de México. Era la segunda vez que trabajaba para el gobierno, antes había sido Director General de la Comisión Federal de Electricidad, recién creada. Cuando terminó el sexenio y con él su encargo, formó una pequeña empresa que se dedicaba a trabajos de electrificación por todo el país. Viajábamos con él en nuestras vacaciones, a los lugares donde su compañía realizaba trabajos de tendido de redes eléctricas, desde las plantas hasta las comunidades. También construyó pequeñas plantas de luz. Era la época de la industrialización y México necesitaba con urgencia obras de infraestructura. La electrificación era por lo tanto imprescindible para el desarrollo estabilizador, para la modernización del país.

Recuerdo como un sueño cuando nos llevó a ver los trabajos de construcción de una enorme planta hidroeléctrica en la que participaba su empresa. Creo que se llama Ixtapantongo. Sus años de experiencia en la electrificación del país, sirvieron para que el gobernador entrante del Estado de México lo llamara a formar parte de su equipo. El proyecto consistía en electrificar todo el estado y para eso creo la Junta de Electrificación del Estado de México y lo nombró Presidente.

Cuando llegó a casa, me solté contándole emocionada el inesperado día que había vivido. Mi papá sonrió y no dijo nada, sólo me dio un beso. De ahí en adelante yo maduraba, creo, y mi relación con papá se volvía más cercana. En cambio mi relación con mi mamá no era muy buena. Yo quería ser como mi papá y contradecía frecuentemente a mamá. Yo sabía bien que en cualquier decisión relacionada conmigo, mi papá tenía siempre la última palabra. Así yo, la hija consentida de mi papá, estudié Ingeniería Química. Un auténtico shock para mi mamá.  Me regaló mi primer coche, un VW, y tenía mucha libertad para ir a fiestas, al cine o a otros lados, siempre que dijera con quién iba, a dónde iba, a qué horas llegaba, nunca después de la 12pm. Las únicas reglas no escritas que acordé con papá era cuidarme mucho, siempre decir la verdad y claro estudiar y sacar buenas calificaciones. Creo que cumplí con lo prometido porque nunca tuve un problema con papá.

Sin recibirme me casé. En esta ocasión mi papá no estuvo de acuerdo. Se le hacía que estaba muy joven. Quería que acabara mi carrera y que pensara bien si quería lo  suficiente a Carlos como para pasar toda mi vida con él. Inclusive trató de sobornarme y, con su especial manera de ser, me ofreció pasar 6 meses en Alemania perfeccionando mi alemán y que si cuando regresara todavía me quería casar, estaba bien. Papá, como siempre tenía razón, pero cuando insistí en que quería casarme, aceptó y nunca volvió a decir nada. Me casé, tuve dos hijos a los cuales, sobre todo a Isa la mayor mi papá adoraba, Fede tenía sólo un año cuando papá enfermó y cuando murió, Carlos me pidió el divorcio.

Mi padre me ha hecho tanta falta todos estos años que por eso pienso que el tiempo que disfruté como adulta de su cariño, de su apoyo y de su sabiduría sólo fueron unos pocos años, sus últimos años.

 

Lic. María Esther Schumacher realizó su especialización en Estudios Latinoamericanos. Facultad de Filosofía y Letras UNAM. Profesora de la UAMX y la UNAM. Directora de Cultura y Medios de Comunicación. Programa para las Comunidades Mexicanas en el Extranjero. Secretaría de Relaciones Exteriores de 1990 a 2000. Editora del periódico bilingüe La Paloma.