Saturday, December 14, 2019

Familia batalla contra muro de Trump en defensa de iglesia y sus cementerios

Fotografía cedida por la organización Earthjustice donde aparece Ramiro Ramírez mientras mira las tumbas de sus padres en el Cementerio Jackson Chapel, en San Juan, Texas (EE.UU.) EFE/Martin Do Nascimento/EarthJustice/ SOLO USO EDITORIAL/NO VENTAS

Washington, 30 nov (EFE).- “No es necesario el muro”, afirma Ramiro Ramírez, uno de los integrantes de una familia de Texas que batalla contra la intención del presidente de EE.UU., Donald Trump, de ampliar la barrera fronteriza con México y cuya construcción amenaza un templo y dos cementerios donde reposan sus ancestros.

“Ahí tengo a toda mi familia, tengo a mi mamá, mi papá, mis abuelos, mis tíos”, argumenta a Efe por teléfono Ramiro desde Texas, al referirse a los camposantos.

Este hombre, antes que sicólogo, se declara ranchero y apegado a una tierra a la que sus antepasados llegaron en 1857 procedentes de Alabama, huyendo de la discriminación y la esclavitud.

Ramiro junto al grupo Earthjustice; la comunidad indígena Nación Carrizo/Comecrudo de Texas; los hacendados Elsa Hull y Joe Hein; y las organizaciones Centro de Estudios Internacionales de Río Grande, Greenlatinos y el Consejo Laboral para el Avance Latinoamericano; interpusieron una demanda en marzo pasado contra la declaración de “emergencia nacional” de Trump.

UN APEGO HISTÓRICO

Los tatarabuelos de Ramiro, Nathaniel y Matilda, vinieron a Texas huyendo de los problemas que afrontaban en Alabama al tratarse de una pareja interracial, ya que él era de raza blanca y ella, una esclava negra; tras desistir de viajar a México por desconocer el idioma español y por la diferencia religiosa, ya que este país era mayoritariamente católico y ellos metodistas.

Ya en Texas, Nathaniel y Matilda Jackson compraron 5.500 acres (2.225 hectáreas) de terreno y ayudaron a muchos esclavos en EE.UU. que buscaban ir a México o permanecer en ese estado.

Fue allí donde construyeron en 1874 un pequeño templo que se convirtió en la primera iglesia protestante del sur de Texas de corriente metodista.

Junto a la pequeña capilla, hoy conocida como la iglesia Jackson, pintada de blanco y con hileras de sillas alargadas en su interior, Nathaniel y su hijo Martin establecieron en su día un cementerio, que Ramiro empezó a recorrer desde muy pequeño de la mano de su abuela.

No lejos de ahí está un segundo camposanto que Nathaniel dejó en herencia a su otro hijo, Eli Jackson.

Pese a haber existido durante más de un siglo, esos dos cementerios, protegidos por la Ley de Preservación Histórica Nacional de 1966, peligran hoy en día porque se ubican en el trazado del muro fronterizo.

“Son dos cementerios que van a romper, los van a destruir y la iglesia también”, se quejó Ramiro.

“La única pregunta -prosiguió- que tengo a esa gente que va a hacer esto, que vienen siendo el presidente, los senadores y los representantes (de la Cámara Baja) es: ‘Cuando ya mueran y miren a Dios ¿Cómo van a explicar estos cristianos, que dicen que son cristianos, a nuestro Dios que ellos fueron parte de la destrucción de dos cementerios históricos y una iglesia?”

Para Ramiro, esas personas no tienen sentimientos y no reconocen que estos lugares son “bien especiales”.