Monday, September 28, 2020

Los sonidos de mi pueblo

Divagaciones literarias (de una Burner) y otras cosas

Por Techari ETchari

Redwood City, a 11 de agosto de 2020Esta semana me ha venido persiguiendo la nostalgia. Tal vez han sido estos últimos mustios días de verano, llenos de asfixiante calor y de plantas con hojas amarillentas sofocadas por el sol. Tal vez ha sido esta cuarentena que se ha ido alargando y se ha convertido en esa hoja de calendario que arrancas y en lugar de mostrar la nueva fecha, vuelve el mismo día a aparecer una y otra vez, como en una de esas películas de ciencia ficción. La cosa es que la otra tarde, el cálido viento del mediodía me trajo los sonidos de viejos veranos, de aquellos que pasé durante mi infancia en mi terruño querido. Sonidos cotidianos que jamás pensé llegarían algún día a desaparecer de mi vida. En medio de aquella tarde, pude con cristalina claridad escuchar el inconfundible sonido de la vieja máquina de escribir de mi padre en su despacho. Con el incesante “clac clac” de sus viejas teclas y el característico sonido que se producía al poner el papel en la bobina. Me acordé de mi madre, mientras escuchaba de nuevo el golpeteo de las cucharas contra las cazuelas y su ajetreo en la cocina.

Me puse entonces a pensar en todos esos sonidos que se han ido callando para mí. Viejos sonidos que me transportan a aquellos tiempos y que eran parte de mi niñez, de mi ciudad, de mis raíces. ¡Ay los sonidos de mi tierra y de mi época! ¿Cuántos de ustedes recuerdan, por ejemplo, el sonido de los teléfonos rotativos que todos teníamos en casa? Me acuerdo que hasta era emocionante a veces girar los dedos en esos pequeños orificios, cuando ya de adolescente, le llamaba a alguien que me había hecho sentir mariposas en el estómago. Y cómo no acordarme del afilador que recorría las calles en busca de tijeras y cuchillos que afilar y que anunciaba su paso con su flautilla de sonido agudo, llamada en México caramillo, hecha primero con carrizo y ya después con plástico. Pero tal vez, uno de los sonidos que más extraño sea ese triste e intenso silbido del carrito de los camotes. Ese que alcanzaba unas notas altas y luego bajas que me cimbraban el estómago y me hacían recordar el llanto de voces lejanas. El viento me trajo también la música del organillero que tocaba en la plaza los domingos, y que siempre tenía en su repertorio el vals “Sobre las olas”, mientras el canto del vendedor de paletas de gallito, se escuchaba en el fondo.

Foto por Julieta Gómez

Me consuela que aquí donde vivo, todavía puedo escuchar algunos de esos sonidos que me eran tan queridos. Me gusta escuchar la cándida alegría de las campanitas del señor que vende paletas. Me reconforta poder escuchar de cuando en cuando a la señora que vende tamales o pan, con su voz amortiguada y distorsionada por el altavoz, donde no entiendo la mitad de lo que dice pero sé que de seguro me va a vender algo que sabe rico.

Algunos sonidos se van apagando de nuestras vidas por diferentes circunstancias, otros, se van extinguiendo para convertirse en curiosidades míticas y extrañas para las nuevas generaciones que no tienen la menor idea de que realmente llegaron a existir. Me da tristeza que la mayoría de estas nuevas generaciones no podrán escuchar los sonidos de los viejos proyectores de películas, aquellos que tenían dos carretes y que los que teníamos la suerte de tener uno de estos en casa, nos emocionaba el “clic” con que empezaban los carretes a girar. Tampoco sabrán del sonido de los cubitos de flash de aquellas cámaras fotográficas, ni el sonido de los viejos tocadiscos, con ese sonido tan característico de los discos al caer y luego la aguja que arañaba su superficie y la estática que siempre estaba presente antes de que empezara la música. Tal vez con el paso del tiempo les suceda a los jóvenes de hoy lo mismo y perderán o se olvidarán de algunos sonidos que ahora son parte cotidiana de su vida. Lo que sí puedo afirmar, es que todos nosotros llevamos muy dentro del alma, aquellos sonidos que nos acompañaron desde nuestra infancia y siempre los podremos escuchar cuando nos acordemos de nuestras añoranzas. ¿Y tú querido lector? ¿De cuáles sonidos te acuerdas?

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Techari es Presidenta del Departamento de Lenguas (Chair Department) y maestra de español y literatura (AP Spanish Literature and Culture) en Woodside High School. Ha impartido clases de español y Literatura (Hispanic Literature) en Canada College. Tiene una Licenciatura en español de San Jose State University y maestría en español con enfoque en lingüística y en literatura española y latinoamericana. Es poeta y ha publicado su primer poemario titulado “Poesías de amor y desamores”.