Sunday, January 23, 2022

Todos somos migrantes

Trozos de mi vida

Por Lic. María Esther Schumacher  

Sentimientos maternos: Mi hijo Enrique

Lic. María Esther Schumacher con su hijo Enrique Suárez Schumacher

Ciudad de México – 14 ago, 2020 – ¿Qué puedo decir de un chico guapo, muy inteligente, cariñoso, gracioso y que además era mi hijo?

Que Enrique Suárez Schumacher nació un 31 de enero, como yo. Que el embarazo y el parto, fue igual de fácil y disfrutable que los de mis dos hijos mayores. Que era un bebé precioso. Que fue recibido con gran alegría por sus padres y sus dos hermanos mayores que lo esperaban con ansia. Que Isa, su hermana lloró cuando supo que no podía entrar al parto. Que sus primeros cinco años transcurrieron entre apapachos y consentimientos. Que fue criado entre adultos.  Que su inteligencia natural le permitió aprender una enorme cantidad de cosas que los niños de su edad no sabían. Que tenía una gracia y un carisma asombrosos.

Que cuando entró al kínder todas las maestras me preguntaban ¿eres la mamá de Enriquito?, es un niño adorable. Que era capaz de platicar de cualquier cosa con cualquier persona y en cualquier lugar. Que cuando hacía alguna travesura o se portaba mal, era imposible enojarse con él porque podían suceder dos cosas. Que sus hermanos lo defendían de mí, o que antes había pedido perdón, porque sabía que así me desarmaba.

Yo nunca fui estricta  con ninguno de mis hijos, más bien preferí tratar de enseñarles lo que tendrían que enfrentar en la vida. Que al paso de los años se convertiría en un niño y luego en un joven que pasaba horas leyendo, dibujando o haciendo maquetas. Que también  disfrutaba el deporte y el ejercicio. Que cuando empezaba a ser un joven le encantaban las fiestas igual que al resto de nosotros.

Que tenía muchos amigos en la escuela, más grandes  y más chicos que él y que los conocí en el velatorio cuando se llenó de alumnos y maestros de la Ciudad de México.

Que ya en la secundaria, aunque tuvo un período de adolescencia a ratos insoportable, igual que sus hermanos, siempre en el fondo estaba mi adorable hijo. Que aunque a veces dejaba salir un carácter fuerte en general era cariñoso, me apapachaba y se preocupaba por mi cuando me veía triste.

Enrique Suárez Schumacher

Que le encantaba hacer bromas que todos disfrutábamos. Que la anécdota que más puede definir nuestra relación madre e hijo no puede quedar fuera de estos recuerdos.   Enriquito tenía 15 años y se hizo novio de una compañera de la escuela, era su primera novia. Al salir de la escuela iban a comer a casa de ella que vivía a unas cuadras. Ahí pasaba toda la tarde y como a las 7  iba yo por él, o me lo mandaban en un taxi. Después de un par de meses los papás y el abuelo de la novia, empezaron a invitarnos a mi marido y a mí a su casa. Eran personas muy amables y educadas. La chica era la mayor y el abuelo que tenía mucho dinero la consentía demasiado.

Tenía una casa preciosa y enorme en Morelos a donde invitaban a Enriquito los fines de semana y claro al poco tiempo también a nosotros. Mi instinto materno me hizo sentir algo raro en este noviazgo. La chica estaba totalmente enamorada de mi hijo, con ese amor que sólo se da en la adolescencia. Una mañana me desperté desesperada con la sensación de que algo había ocurrido. Corrí a la recámara de Enriquito y lo desperté. Le grité, si embarazaste a tu novia, te obligo a casarte con ella, aunque eches a perder tu vida y tengas que vivir del dinero del abuelo , por tonto…

Enrique abrió sus bellos ojos, grandes, grandes y me dijo, calma Ma, calma, no he embarazado a nadie te lo aseguro. ¿Qué te pasa? En ese momento me di cuenta que era un sueño, sólo un sueño. Pero mi hijo, hasta que murió, siempre se burló de mi loca reacción. El noviazgo terminó y todos estos años después me sigo riendo de acordarme.

Que mi hijo terminó la prepa y entró a la Universidad, la Ibero. Que un día saliendo de clase al entrar, en mi viejo Volkswagen rojo, a la carretera de Toluca lo golpeó un camión. Después de 8 días tuvo muerte cerebral.

¿Qué puedo decir de un chico guapo, inteligente, cariñoso y gracioso, que además era mi hijo? Solo que después de 25 años de su muerte lo sigo queriendo igual, me sigo sintiendo su madre y  lo extraño todos los días. Le digo buenas noches, y comento con él tanto mis alegrías como mis problemas. Y puedo decir también que me  siento sumamente feliz y orgullosa de haber tenido la bendición de parir, criar y educar a un hijo como Enrique, mi Enriquito que hoy tendría 44 años.

Profesora de la UAMX y la UNAM. Directora de Cultura y Medios de Comunicación. Programa para las Comunidades Mexicanas en el Extranjero. Secretaría de Relaciones Exteriores de 1990 a 2000. Editora del periódico bilingüe La Paloma.