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May 24, 2022

Los jueces de EE.UU. atrapados en el fuego cruzado de la “guerra cultural”

Vista exterior del Tribunal Supremo de Estados Unidos en Washington (EE.UU.). EFE/Michael Reynolds/Archivo

Washington, 25 oct (EFE).- Los jueces de EE.UU. han quedado atrapados en el fuego cruzado de una “guerra cultural”, en la que conservadores y progresistas se disputan el alma de la nación y su actitud hacia asuntos como el aborto, los derechos de la comunidad LGTB y la igualdad racial.

“Los jueces están en el centro de la guerra cultural”, afirmó en declaraciones a Efe Charles Shipan, profesor de política de la Universidad de Michigan y especializado en el Tribunal Supremo.

En su opinión, los magistrados son quienes abrieron la caja de pandora al aceptar casos judiciales muy controvertidos que se habrían negado a evaluar hace 50 o 75 años por considerar que correspondían a las dos ramas políticas del Estado: el Ejecutivo y el Legislativo.

EL ABORTO Y EL RESURGIR CONSERVADOR

Al nuevo papel de los jueces se suma que el Partido Republicano de “manera muy consciente y estratégica” colocó a la judicatura en el centro de la “guerra cultural”, en un intento por movilizar a los votantes más conservadores, explicó Shipan.

Esa estrategia es fruto de las consecuencias que tuvo el fallo del Tribunal Supremo que en 1973 garantizó el derecho al aborto.

Surgió, entonces, un movimiento liderado por la derecha cristiana que forzó al Partido Republicano en 1976 a incluir la oposición al aborto como parte de su ideario y que, poco a poco, ha conseguido erosionar ese derecho en algunos estados, como Texas, donde muchas clínicas se han visto obligadas a cerrar.

De esa forma, el movimiento que se describe a sí mismo como “provida” ha pasado a formar parte de la identidad republicana y, aunque el partido intentó moverse hacia el centro en los años 90 y a principios de este siglo, ha acabado regresando a un extremo de la mano del presidente de EE.UU., Donald Trump.

TRUMP HA NOMBRADO A UN CUARTO DE LOS JUECES

Trump ha cumplido su promesa y, en menos de cuatro años, ha nombrado a un cuarto de los jueces federales en activo en EE.UU., todos ellos con cargos vitalicios y con el poder de cambiar las leyes del país durante décadas, según datos del Centro Federal Judicial, la agencia que estudia la judicatura dentro del Gobierno.

El gobernante ya ha colocado a dos jueces conservadores en el Tribunal Supremo, Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, y este lunes el Senado podría confirmar su tercer nombramiento: Amy Coney Barrett, contraria al aborto y crítica con la reforma sanitaria del expresidente Barack Obama.

No obstante, si por algo destaca Trump es por la cantidad de magistrados que ha nombrado para los tribunales de apelaciones, una instancia que se sitúa por debajo del Tribunal Supremo y tiene la última palabra en gran cantidad de casos.

En concreto, Trump ha elegido 53 de esos poderosos jueces, una cifra que supera a casi todos sus antecesores. La única excepción es Jimmy Carter (1977-1981), que logró confirmar 58 magistrados en cuatro años.

LA INDEPENDENCIA COMO REBELIÓN

Muchos jueces, sin embargo, rechazan las etiquetas que les clasifican como “conservadores” o “progresistas” y aseguran que ellos solo interpretan la Constitución de EE.UU., aunque tengan visiones diferentes.

El mejor ejemplo de esa rebeldía es el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, nominado por el republicano George W. Bush (2001-2009) y quien en una ocasión se enfrentó públicamente a Trump por sus ataques a la independencia judicial, en lo que supuso un evento extraordinario para un juez siempre hermético.

En noviembre de 2018, Roberts afirmó que no existen magistrados “de Obama” o “de Trump”, sino un “grupo extraordinario de jueces dedicados que dan su mejor nivel por la igualdad de derechos de quienes están delante de ellos”.

El propio Roberts ha emitido varios fallos decisivos contra Trump, como el que permitió que se mantuviera en pie el programa DACA, que desde hace ocho años protege temporalmente de la deportación a 650.000 jóvenes indocumentados conocidos como “soñadores”.

Beatriz Pascual Macías