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February 8, 2023

Pensilvania, Michigan y Texas, el termómetro del nuevo EE.UU.

Vista de votantes participando en una jornada de voto anticipado en Houston, Texas, el 15 de octubre de 2020. EFE/Aaron M. Sprecher

Filadelfia/Detroit/Austin (EEUU), 2 nov (EFE).- La demografía de Estados Unidos cambia y, a la vez, irrumpen en la lista de estados claves, aquellos que decidirán las elecciones, algunos que hasta hace poco eran considerados territorios seguros: Pensilvania, Michigan e, incluso, Texas podrían abandonar a los republicanos.

En 2016, el entonces candidato republicano, Donald Trump, ganó Michigan y Pensilvania por un estrecho margen y rompió así el tradicional muro azul (demócrata) instalado en el “cinturón de óxido” del Medio Oeste, y con ello logró la llave de la Casa Blanca.

Este año, ambos estados vuelven a estar en disputa como lo demuestran las paradas en medio de los frenéticos viajes de Trump y su rival demócrata, Joe Biden.

Trump cerrará su campaña esta noche en Grand Rapids (Michigan), el mismo lugar donde terminó en 2016, algo que algunos atribuyen a su superstición; mientras que Biden lo hará en Pittsburgh (Pensilvania), con la cantante Lady Gaga como estrella invitada.

PENSILVANIA, LA LLAVE

Pensilvania, con sus 20 votos electorales, puede ser el estado donde se decida la Presidencia.

En 2016, menos de 45.000 votos dieron la victoria a Donald Trump y este año las zonas suburbanas de Filadelfia, Pittsburgh, Scranton o Erie son la clave para que Joe Biden, que está dedicando sus últimas 48 horas de campaña a este estado, pueda imponerse al presidente republicano, algo que auguran las encuestas.

Biden cerró este domingo con dos actos en Filadelfia, el primero de ellos con feligreses y pastores afroamericanos, en un intento por movilizar al electorado negro, tradicionalmente demócrata y que según la consultora de analítica electoral Catalist aún no ha ejercido el voto en un 75 %.

El sonido de los cláxones, el equivalente a los aplausos en los mítines demócratas “drive-in” de esta pandemia, acompañaron a Biden en un evento centrado en pedir a la población negra que salga a votar.

“Pensilvania es fundamental en estas elecciones”, aseguró Biden, quien recordó el poco margen que dio el estado a Trump en 2016. “El poder de cambiar este país está literalmente en sus manos”, añadió.

MICHIGAN, EL CORAZÓN AUTOMOTRIZ

A orillas de los grandes lagos, con Canadá a la vista y la “ciudad del motor”, Detroit como símbolo, el estado tradicionalmente ha votado por los demócratas.

Fue el corazón de la industria automotriz del país, y con ello uno de los pesos pesados del poder de los sindicatos en EE.UU.

Las tres grandes empresas del sector, Ford, General Motors y Chrysler, aún tiene su sede en el estado, aunque su influencia ha disminuido notablemente.

Y en 2016 Trump dio la sorpresa al imponerse a su rival demócrata, Hillary Clinton, por un estrecho margen de menos de 11.000 votos.

“Si no hubiéramos ganado Michigan no estaría aquí. Vamos a ganar de nuevo, y regresar a ese maravilloso lugar, la Casa Blanca”, dijo Trump durante un acto este domingo bajo una fría lluvia en Washington (Michigan).

Michigan cuenta con casi 10 millones de habitantes, de los cuales un 5 % son latinos, y tiene 16 votos electorales.

BIDEN QUIERE EMULAR A CARTER EN TEXAS

Dos mil kilómetros al sur, en la frontera con México, Texas ha sido durante mucho tiempo un bastión republicano.

De hecho, el último candidato demócrata en ganar la contienda en ese estado sureño fue el expresidente Jimmy Carter (1977-1981), hace casi medio siglo.

Pero el récord de más de 9,6 millones de votantes tempranos apunta a que esta tendencia podría cambiar este 3 de noviembre. En 2016, cuando Trump venció por 9 puntos porcentuales, la participación total en Texas fue del 59,4 %, mientras que con los datos de votación actuales, el estado ya ha alcanzado el 57 % de participación.

Eso da cuenta de lo reñida que estará la batalla por uno de los estados que da más votos electorales (38) para llegar a los deseados 270 que otorgan la Presidencia.

Jairo Mejía, Alfonso Fernández y Àlex Segura