Wednesday, January 26, 2022

Emilio Solla: El Grammy me va a permitir sacar el pie del acelerador

Las Palmas de Gran Canaria, 7 dic (EFE).- El ganador de un Grammy Latino al mejor disco de jazz de 2020, el pianista argentino Emilio Solla, afronta este miércoles su primer concierto en casi diez meses, tras un año “raro” en el que se ha reencontrado, a la fuerza, con “la costumbre de perder el tiempo” y que termina con un premio que le pone en el mapa y le permite “sacar el pie del acelerador”.

El intérprete afincado en Nueva York será el encargado de abrir este miércoles en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria la nueva edición del Festival Internacional “El mundo en un piano”, con sus compatriotas Constanza y Federico Lechner.

El tema del certamen, explica Solla en una entrevista para Efe durante un ensayo, “encaja perfecto con el espíritu” de su último trabajo, el disco “Puertos”, que habla “de esta metáfora de 88 piezas blancas y negras que conviven y juntas hacen música”, que “se mezcla y va entrando y saliendo, agarrando influencias, especias, sabores, olores y culturas y llevándolas a otra”.

En su caso, la música tiene “mucho de tango y de jazz, géneros propios de lugares de entrada y salida de culturas” que surgen de “gente de diferentes lugares que aportan”.

El del miércoles será además el primer concierto de Solla tras recibir el Grammy hace apenas unas semanas, en lo que es “un reconocimiento a años de trabajo” y “una satisfacción muy grande”.

Aunque lamenta no haber podido asistir a la gran fiesta de entrega de los galardones musicales “con zapatos nuevos” al tratarse de una edición por internet, bromea, “es un premio que te engorda para bien y una sensación calentita”.

Solla ya había estado nominado anteriormente y eso “ya era algo muy fuerte”, pero poder hacerse con el premio “es muy emocionante” y un cierre al año 2020 que te da “una sonrisa que queda siempre”.

El Grammy además “sirve para la carrera porque te pone en el mapa de mucha gente y los números empiezan a subir”, con personas que “te escuchan y buscan” por lo que “sirve para que más gente conozca tu música”.

“La música tiene esa magia de conectarte de una forma especial con la gente que ni siquiera habla tu idioma. A mí me enorgullece tener ese trabajo en la vida, repartir ese trabajo”, asegura Emilio Solla, quien sostiene que los intérpretes son “un poco como los Reyes Magos, van repartiendo por el mundo una gran bolsa llena de caramelos sonoros que la gente disfruta, porque toca y emociona”.

Para el pianista argentino, la música es “un trabajo con responsabilidad y estudio, que no es fácil”, pero también “un lindo trabajo y un modo de vida” que funciona a base de “la emoción misma de no saber, como el jazz, y lanzarte a la piscina a ver qué pasa”, algo que “es maravilloso pero también duro”.

“Hay muchos músicos muy buenos a los que le cuesta mucho y yo mismo he tenido subidas y bajadas, pero siempre me he esforzado por hacer la mejor música que puedo hacer”, en continuo “conflicto por hacer lo que me gusta y poder pegar el volantazo”, por lo que “cuando hay conciertos y premios, supone un reconocimiento bonito y una sensación de placer”, admite.

En el concierto del miércoles tocará una primera parte solo para luego estar acompañado por Constanza y Federico Lechner, “un gran amigo”. Es un recital del que afronta con “muchas ganas” y que representa “un desafío muy lindo por venir a compartir con la gente de Gran Canaria”, que podrá disfrutar de temas propios y de algún tango argentino “tocado a la mía”, de una forma “más moderna e improvisada”.

La música “es difícil de explicar con palabras”, pero “cuando escucho a este tipo que se llama como yo y toca el piano, lo que escucho es una música argentina con una base en el tango y el folclore de Buenos Aires y de la Argentina más rural” pasado por “el tamiz de muchas influencias de mi vida como pianista, desde la clásica y por el lado del jazz y la improvisación” que define una corriente de los músicos de la generación ‘postpiazzolla’.

Emilio Solla cuenta entre bromas que llegó al piano “a saber cómo”, en una visita a una iglesia donde quedó maravillado por el sonido de un órgano. “Para llegar al órgano había que empezar por el piano y ahí me senté con ocho años” gracias a la ayuda de su padre, aficionado al jazz, que le dio sus primeras notas.

Ahora, el pianista de Mendoza regresa al piano tras meses de parón, que “aunque raro” ha agradecido. Ha sido un tiempo de “calma, trabajando en casa, estudiando, componiendo y que termina con la alegría del Grammy”, el broche de oro a “un año tranquilo en el que me di cuenta que hay que parar un poco”, algo que echaba de menos como ‘freelancer’ en Nueva York “con mucha presión”.

Este 2020 de “parón obligado” ha sido también “un tiempo de perder el tiempo, algo en lo que había perdido la costumbre” por lo que “ha sido un cambio de cabeza fuerte para no correr tanto y afianzar ciertos cambios”.

Gracias al Grammy, apunta, “he tocado una cima de muchas que es más representativa de un momento de la carrera que por el premio en sí”, pero que le permitirá “vivir más tranquilo, seguir trabajando sin tanta ansiedad por correr detrás de todos los centros” y “sacar el pie del acelerador”.