Wednesday, January 26, 2022

Educación emocional para sensibilizar las aulas

El manejo y la expresión de emociones como la frustración, el desconcierto, la tristeza y la incertidumbre, tienen un impacto directo en el aprendizaje. Un experto de la Universidad de Cambridge propone medidas clave para el cuidado emocional de los alumnos y motivarles en los estudios.

+++ En la situación actual, a raíz de la pandemia, se ha redefinido el entorno educativo. Los profesores advierten que sus principales retos se basan en mantener un trato cercano y centrado en el apoyo emocional constante a su alumnado, según una investigación de Cambridge International (CI).

+++ La pandemia ha permitido extraer lecciones positivas sobre las cosas que funcionan y deben reforzarse dentro del aula.“La conexión entre las personas es una de las claves. Es lo que realmente mejora el éxito y el aprendizaje de los alumnos”, señala Nick Mazur, gerente senior de CI en Europa.

+++ “Las actividades como el ‘mindfulness’, un método de meditación para prestar una atención plena a lo que ocurre en el ‘aquí y ahora’, o simplemente exteriorizar nuestras emociones, algo en lo que padres y profesores pueden dar el ejemplo, tienen una influencia positiva y definitiva en el aprendizaje”, destaca Mazur.

A grandes rasgos se puede decir que la inteligencia emocional es la habilidad para tomar conciencia de las propias emociones y de los demás, así como la capacidad para regularlas. La conciencia emocional es el requisito para poder pasar a la regulación. La autorregulación emocional consiste en un difícil equilibrio entre la impulsividad y la represión. Ambos extremos pueden ser igual de perjudiciales. También existe la regulación de las emociones de los demás, en el sentido de que el comportamiento de cada persona influye en las emociones de los otros y por tanto en su comportamiento. Conciencia y regulación emocionales deben considerarse competencias básicas para la vida, ya que la persona que las ha adquirido está en mejores condiciones para afrontar los retos que plantea la vida. En último término, son elementos esenciales en la construcción del bienestar personal y social.

La inteligencia emocional tiene aplicaciones en la “prevención inespecífica”. Una persona con competencias emocionales está más preparada para no implicarse en el consumo de drogas, comportamientos de riesgo, etc. Hay evidencias de la importancia y la necesidad de adquirir competencias emocionales en la infancia y la adolescencia de cara al desarrollo personal y profesional. La relación entre emoción y salud es cada vez más evidente. Las investigaciones han demostrado cómo las emociones negativas contribuyen a disminuir las defensas del sistema inmunitario y por lo tanto predisponen a contraer enfermedades. En cambio, las emociones positivas contribuyen a aumentar nuestras defensas y en consecuencia, pueden funcionar como prevención.

Una forma para desarrollar la inteligencia emocional es mediante programas de educación emocional. Estos programas deberían iniciarse en las primeras etapas de la vida, ya que en estas edades se dan las primeras bases del aprendizaje y relación. Con ejercicios sencillos le ayudamos a poner un nombre a sus emociones, compartimos las nuestras y conseguimos que los niños asocien la emoción con una situación vivida, lo que favorece el desarrollo de la conciencia emocional y su empatía. En la etapa educativa de la Educación Secundaria se hace necesaria la aplicación de la inteligencia emocional. Los adolescentes necesitan autoafirmarse, valorar sus capacidades y limitaciones, tomar sus propias decisiones, tener responsabilidades, sentirse aceptados por los demás, etc. En cualquier edad es primordial el desarrollo de la inteligencia emocional, permite que nos conozcamos mejor y a comprender a los demás.