Tuesday, October 26, 2021

Un librero independiente: “Nuestro público tenía necesidad de su librería”

Roma, 23 abr (EFE).- Como en muchas partes del mundo, el Día del Libro se celebra hoy en Italia en medio del confinamiento por el coronavirus y con numerosas iniciativas online, pero en Roma, además, hace ya tres días que abrieron las librerías, en una especie de adelanto de la deseada vuelta a la normalidad.

“Nuestro público tenía necesidad de la librería. Estamos muy contentos con la reapertura, es verdad que ha habido otros libreros, quizás en zonas de Italia más afectadas por la epidemia, que han sido muy críticos (con la autorización para reabrir), pero estamos contentos de que el libro, de un modo u otro, haya vuelto al centro, la idea de la lectura, del reinicio, de las ganas de salir y de volver a vivir”.

Lo cuenta a EFE Paolo Nicoletti Altimari, un librero independiente, socio de una pequeña pero muy conocida librería en el barrio romano de Flaminia, para quien “la gente, especialmente en este barrio, nuestro público, tenía de verdad necesidad de la librería”.

El Gobierno italiano, cuando extendió el confinamiento general hasta el 3 de mayo, autorizó la reapertura de librerías y papelerías a partir del 14 de abril, sumándolas a los negocios esenciales que nunca han cerrado durante esta crisis sanitaria, pero algunas regiones no quisieron abrir y la del Lacio, cuya capital es Roma, solo permitió reabrir desde el pasado 20 de abril.

Estos tres días que han transcurrido han sido muy positivos, asegura este librero. “Siempre hemos tenido gente, incluso en algún momento hemos tenido cola, cosa que para una librería es verdaderamente raro, quizás porque entra de uno en uno”, señala.

Un cartel en la entrada apunta los cuatro pasos necesarios para cumplir con los requerimientos de seguridad: espera tu turno, ponte guantes y mascarilla, sigue el recorrido, mantén las distancias.

En apenas quince minutos han entrado varios clientes: dos chicas, una de las cuales se ha llevado cinco libros, un hombre mayor y una señora con dos niños de unos 8 años en busca de literatura infantil.

La librería Koob no ha dejado durante el cierre de estar en contacto con sus lectores.

“Hemos estado en las redes sociales, ofreciendo cada día presentaciones de libros, en facebook, en instagram…”, cuenta Paolo.

Y comenzaron en cuanto pudieron con los envíos a domicilio “utilizando un servicio de entregas porque hacerlo nosotros es demasiado peligroso, y sobre todo no bien visto por las personas porque no podemos garantizar la seguridad”.

Por ello, eligieron un servicio de correo que ha firmado los protocolos de entrega sin contacto. “Ha funcionado muchísimo, no tanto por los ingresos, sino por hacernos sentir vivos, y la gente lo ha apreciado”, asegura.

La reapertura, según este librero, ha supuesto un balón de oxígeno para compensar las enormes pérdidas económicas que han tenido que afrontar con el cierre.

“Calculamos que, antes de estos tres días, tuvimos unas pérdidas de cerca del 70 por ciento. Con los envíos a domicilio hemos hecho el 30 por ciento de la facturación normal, pero después de estos tres días, si continuamos así, pensamos que las pérdidas serán del 50 por ciento, algo que es aceptable”, afirma.

Echa de menos la que era una de sus importantes fuentes de ingresos, las presentaciones de libros, algo que sabe que no se podrá recuperar pronto. “Quizás en un año no podamos volver a ello, aunque planeamos empezar a hacerlas en el exterior” del local, señala.

A lo largo de estas semanas de confinamiento, el libro más pedido por sus clientes ha sido “Spillover”, donde el periodista estadounidense David Quammen, habla sobre las infecciones animales y las pandemias humanas, “un libro de una actualidad tremenda, que da un miedo terrible” y que ya tiene agotado por los problemas de suministro.

Por lo demás, se considera afortunado por el apoyo recibido, no solo de sus clientes. La propiedad del local le ha suspendido el pago del alquiler por dos meses. Ahora espera las ayudas prometidas por el Gobierno a las pequeñas empresas, pero “la burocracia es larga y necesito liquidez”, señala.