La Oferta

May 23, 2022

Mafias, narco y censura; jugarse la vida a diario como periodista en Veracruz

Fotografía cedida hoy por la periodista Eirinet López, quien desempeña su profesión en uno de los sitios más peligrosos para ejercer el periodismo: el estado de Veracruz (México). EFE/Eirinet López /

Veracruz (México), 19 sep (EFE).- Con profundas cicatrices por la muerte de 27 compañeros y seis desaparecidos en 15 años, los periodistas del oriental estado mexicano de Veracruz enfrentan hoy nuevas amenazas a su persona y al derecho de informar, tal y como refleja el asesinato y decapitación de Julio Valdivia.

La cobertura de intensos tiroteos poco a poco queda atrás. Quienes ejercen esta profesión en una extensa región territorial en el Golfo de México afrontan un doble obstáculo parecido al de muchas otras regiones de México, considerado uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.

Al exterior, a los reporteros de Veracruz los acechan los tentáculos del narcotráfico, autodefensas, cacicazgos, y en el gremio, abunda la falta de capacitación, la improvisación y una brutal precariedad laboral.

El 80 % de más de 200 periodistas encuestados por la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, tienen jornadas de más de 8 horas diarias, pocos descansos en fines de semana, sólo a un 8 % les pagan horas extras, un 24 % disfruta de vacaciones y un 73 % reportó salarios mensuales promedio de unos 7.500 pesos (unos 350 dólares).

UNA REGIÓN MUY COMPLEJA

Fotografía cedida hoy por el periodista Armando Serrano, quien desempeña su profesión en uno de los sitios más peligrosos para ejercer el periodismo: el estado de Veracruz (México). EFE/Armando Serrano

Seis periodistas de zonas claves comparten su visión y desafíos en un estado con más de 71.000 km2 de territorio y colindante con siete estados del país.

Desde la capital veracruzana, la periodista Eirinet Gómez López recuerda a Efe que el estado tiene dimensiones de países de Centroamérica y su geografía conlleva una complejidad y problemática particular, con una gran cantidad de intereses gremiales, políticos y sociales.

“Se requiere tener un gran contexto y preparación académica profesional que nos dé principios básicos del trabajo periodístico. Veracruz tiene puntos ciegos y si es difícil para la autoridad observarlo, como periodista requiere cierta capacidad y preparación”, insiste la corresponsal de La Jornada.

El 47 % de periodistas reveló contar con estudios de licenciatura y solo 9 % de posgrado.

En municipios apartados un número importante ejercen distintos oficios y saltaron al periodismo como Valdivia, quien había sido policía municipal y luego entró de lleno a la “reporteada”, con pasión y con la misma motivación que lo llevó a, adicionalmente, vender tamales para sobrevivir, según han expresado sus allegados.

Desde el puerto de Veracruz y con 17 años de fotoperiodista, Patricia Morales admite que para aquellos que estudiaron periodismo o Ciencias de la Comunicación son complicadas las coberturas, pero lo es aún más, y resultan más peligrosas, para quien no tiene preparación académica.

“Ahora es más difícil cuando cualquiera puede ser periodista o fotoperiodista, cualquiera agarra una cámara y toma fotos y a los jefes les sale barato eso. El profesional se va haciendo a un lado”, lamenta.

LA VIOLENCIA ARRECIA

Fotografía cedida hoy por el periodista Gerardo Luna, quien desempeña su profesión en uno de los sitios más peligrosos para ejercer el periodismo: el estado de Veracruz (México). EFE/Gerardo Luna

La composición del narcotráfico en Veracruz se modificó desde 2010, cuando el violento Cártel de los Zetas tenía un dominio territorial de casi el 90 % en Veracruz. Posteriormente, cinco cárteles se “dividieron” el estado, que entró en una fuerte espiral de violencia, especialmente hasta el 2016.

Desde el 2010 a la fecha, la cuota de sangre que debió pagar el periodismo es de 27 comunicadores asesinados (24 en Veracruz y 3 en otros estados) y seis desaparecidos, el vigésimo cuarto fue Julio Valdivia, muerto hace una semana.

SILENCIO O BALA

Las llamadas “zonas silenciadas” se imponen en municipios y amplías regiones.

“Quizá los asesinatos de colegas no existen de manera masificada o tan terrible como ocurría hace algunos años, pero ahora hay zonas silenciadas, que no se reportean como se debe, los periodistas no están ejerciendo su derecho a informar”, acusa el también periodista, quien en 2017 recibió un impacto de bala en la cobertura de una pugna sindical en el puerto de Veracruz.

El reportero de nota roja del diario El Buen Tono, Gerardo Luna Martínez, realiza coberturas en la región montañosa central. Afirma que continúan altos niveles de violencia relacionada con la disputa de grupos del narcotráfico, lo que mantiene riesgos fuertes con un salario raquítico.

“En mi caso tengo un salario base, pero algunos tienen varios empleos, incluso en portales propios para tener un ingreso extra”, revela.