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May 25, 2022

La jueza Ruth Bader Ginsburg, más icono cultural que nunca, en homenaje frente al Supremo

EFE/EPA/MICHAEL REYNOLDS

Washington, 19 sep. (EFE).- “Cuando haya nueve” podría parecer una frase en clave, pero es uno de los alegatos feministas más conocidos de la fallecida jueza del Tribunal Supremo de EE.UU., Ruth Bader Ginsburg, que podían leerse este sábado en los carteles depositados frente a la sede de la corte, donde cientos de personas homenajeaban a esta magistrada, que en vida se convirtió en símbolo de la lucha por la igualdad y en todo un icono pop.

Esas palabras resumen el pensamiento y lucha de esta jueza, que en 2015 dijo en la Universidad de Georgetown: “La gente pregunta a veces ‘¿Cuándo habrá suficientes mujeres en el Tribunal (Supremo)?’ Y mi respuesta es ‘cuando haya nueve’. La gente se queda impactada, pero ha habido nueve hombres (en la corte), y nadie se ha preguntado sobre eso”.

Ginsburg fue la segunda mujer en la historia en convertirse en jueza del Supremo -que está integrado por nueve magistrados- tras Sandra Day O’Connor, que se retiró en enero de 2006; y durante un tiempo fue la única hasta que el expresidente Barack Obama nombró a otras dos, Sonia Sotomayor en 2009 y Elena Kagan en 2010.

UN ESPONTÁNEO HOMENAJE FRENTE AL SUPREMO

EFE/EPA/MICHAEL REYNOLDS

Este sábado muchas mujeres de todas las edades, y también algunos hombres, continuaban acercándose al edificio de la Corte Suprema, frente al Capitolio, para depositar flores, velas, camisetas con la cara de Ginsburg y mensajes para honrar a la jueza, muy querida por los residentes en Washington, tras su fallecimiento anoche a los 87 años.

Los innumerables objetos traídos por los vecinos de la capital, que comenzaron a concentrase en el lugar tras el anuncio de la muerte de la magistrada el viernes, han acabado formando un improvisado altar en la zona, donde alguien había pintado en el suelo con tiza “Gracias por enseñarnos a luchar, continuaremos”.

La INFLUENCIA DE R.B.G., INCLUSO CUANDO DISENTÍA

Para Rihanna, una de las amigas de Emily y estudiante de Psicología, R.B.G. se transformó en símbolo feminista e icono pop, por “todo lo que representa, no solo como jueza en el tribunal, sino también por la manera en la que disintió de algunas decisiones con las que no estaba de acuerdo o que veía incorrectas”.

“Creo que eso le hizo ser única -agregó-, la capacidad de llegar a muchas personas que no se sienten escuchadas en un sistema que prefiere a una minoría que es muy fuerte y que ha dado poder a gente que no necesariamente está haciendo las cosas por el bien de EE.UU.”

Mientras Emily y Rihanna hablaban, siempre escudadas detrás de sus mascarillas, con el mensaje “voten”, para protegerse del coronavirus, el flujo de personas que depositaban ofrendas junto a una barrera que impedía el acceso al tribunal no cesaba.

EFE/EPA/MICHAEL REYNOLDS

Algunos se abrazaban e incluso lloraban por la pérdida de la jueza. En un lateral se encontraba Michael, un funcionario gubernamental, que se había acercado al lugar con un cuello de camisa que emulaba el que solía ponerse Ginsburg -que tenía toda una colección y que los usaba como elemento diferenciador como mujer frente a sus colegas varones- cuando emitía opiniones de disenso.

UNA PÉRDIDA QUE VA MÁS ALLÁ DE SU FIGURA

El dolor por la muerte de Ginsburg va más allá de perder a una figura admirada en el campo de la defensa de los derechos, ya que en la izquierda se teme que el presidente de EE.UU., Donald Trump, aproveche su fallecimiento para apuntalar la ya existente mayoría conservadora en el Supremo -con Ginsburg había cuatro jueces progresistas frente a cinco conservadores- antes de las elecciones de noviembre.

Kathy, una jubilada de 74 años, se confesaba escandalizada por el hecho de que los políticos no hayan esperado a que la jueza sea enterrada para iniciar la disputa por su sucesión.

“Anoche, tan pronto como nuestro presidente fue informado de que había muerto, dijo, ‘bueno, esperaré un par de días y voy a tener a alguien para el proceso de nominación (de la vacante de Ginsburg)’. Me dije ‘un momento, ¿No van a dejar ni siquiera tres días para velar a la persona y para que sea enterrada?’ Así que apagué la televisión y me dije ‘digeriré esto mañana”, indicó esta jubilada, que también llevaba un cuello de camisa similar a los que llevaba la fallecida por encima de su toga.