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July 18, 2024

El artista mexicano Pedro Friedeberg presenta su obsesivo viaje al absurdo

El artista mexicano Pedro Frideberg, habla durante un recorrido por la exposición “Hipnerotomagia”, expuesta hoy en la Ciudad de México (México). EFE/Sáshenka Gutiérrez

Ciudad de México, 22 feb (EFE).- El artista mexicano Pedro Friedeberg presentó este miércoles su exposición “Hipnerotomagia”, un obsesivo viaje al absurdo a través de 28 pinturas y esculturas que emplean la historia, la ciencia y la aritmética para contener significados ocultos.

“El significado es el absurdo y el ridículo a través del contraste. No tiene explicación, es una locura inefable”, explicó Friedeberg al ser cuestionado por EFE acerca del componente subrepticio de sus creaciones.

Por su parte, el curador de la muestra, Alejandro Sordo, añadió que el espectador nunca va a acabar de entender su obra, pues “cada vez que la mire encontrará algo nuevo”.

Friedeberg (Florencia, 1937) llegó a México cuando contaba apenas con dos años de edad, huyendo junto a sus padres, judíos alemanes, de los estragos de la Segunda Guerra Mundial.

Su país de adopción ha sido, reconoció, una fuente de inspiración para sus obras, que tienen un fuerte componente onírico, bizarro y erótico.

“México ha cambiado mucho, pero todavía hay mucho que no tiene explicación, mucho peso de lo ridículo”, dijo.

Además, destacó la belleza que el paseante puede captar cuando va “con los ojos abiertos” por lugares como Ciudad de México, Acapulco, Cuernavaca o Veracruz.

“Hay como 8.000 elementos, sales a la calle y ves un perro sarnoso, un pordiosero y una señora millonaria”, relató el artista.

Entre sus obras de más reciente creación, todas elaboradas a lo largo de los últimos tres años y marcadas por una acumulación de figuras disonantes que rozan el hipnotismo, destacan algunas como “Franz Liszt y su Mamut” o “Panóptico y Laberintos”.

Visitantes observan la exposición “Hipnerotomagia” del artista mexicano Pedro Frideberg, hoy en la Ciudad de México (México). EFE/Sáshenka Gutiérrez

En ese juego caótico, aunque no arbritrario, Friedeberg emplea el misticismo de los números para esconder sus significados ocultos detrás de una capa de humor e ironía.

A primera vista, el espectador puede observar las constantes referencias a la mitología (esfinges, pirámides), la historia (motivos prehispánicos) o la cultura pop (botellas de Coca-Cola, figuras de superhéroes).

“Siempre he sido un enamorado del pasado. Es tan rico el pasado precolombino, el de los aztecas, los zapotecos, sus ornamentos y colores”, enunció el pintor y escultor.

No obstante, es la literatura la disciplina cultural que tiene un peso más especial en su muestra.

El nombre de la misma, “Hipnerotomagia”, surge del libro “Hypnerotomachia Poliphili”, escrito por el italiano Francesco Colonna en 1499 y considerada como la primera novela de la corriente de la conciencia, de la que toma referencias teóricas para elaborar sus coloridas composiciones.

Friedeberg, que bebe de los surrealistas mexicanos con los que convivió en su juventud y de las corrientes dadaístas, celebró la incipiente libertad de la que goza la creación artística.

Tanto es así que, desveló su curador, el mexicano ya trabaja en proyectos de “criptoarte”.